miércoles, 20 de abril de 2016

¿QUE PASA CON LA DERECHA ESPAÑOLA?

Llevo unas semanas pensando si terminar la trilogía de artículos que empezó con “¿qué pasa con la izquierda española” o hablarles de esta mentira en la que nos están arrebujando y que nos está llevando a una islamización de Europa. Y si están ustedes leyendo este artículo es evidente que he decidido terminarla; no les podría justificar los motivos; quizás porque los círculos hay que cerrarlos bien, tal vez porque no estén tan alejados uno de otro, puede que porque si lo escribo, pueda entenderlo. A lo mejor, la explicación sea más sencilla, porque leyendo La Era de la Revolución de Eric Hobsbawm, un párrafo me acabó de decidir; decía así “Así pues, el periodo de la doble revolución conoció el triunfo y la más elaborada expresión de las radicales ideologías de la clase media liberal y la pequeña burguesía”

            El ciclo histórico que va desde la revolución francesa (quizás desde la guerra de la independencia norteamericana) hasta el final de la I Guerra Mundial, arrastra hasta nuestros días las consecuencias de lo que sucedió en aquellos años. En España, al igual que en toda Europa, esa era configura nuestro presente. Seguramente no más que los efectos del siglo XV sobre el XVII, pero lo cierto es que mientras que ya tenemos asumidas las consecuencias de siglos muy lejanos, los europeos aún digerimos esa época, especialmente en España, con un desastroso siglo XIX encharcado de sangre, reacción, destrucción de los avances del siglo XVIII y que, por si ya hubo pocos males, provocó la invención de la pura invención de la patria vasca o gallega, y dio alas a un movimiento minoritario que se puso a reinventar una nación catalana, convirtiendo lo que no eran más que mitos en una historia tergiversada y manipulada.-

            Una época tormentosa, sin duda, pero no todo fueron males, ni todas sus consecuencias nefastas. El papel de la derecha primero, y el movimiento obrero después, terminaron de configurar la sociedad occidental en la que vivimos ahora. Ambos fueron ideas contrapuestas, generaron tesis y antítesis, o si ustedes lo prefieren, posiciones muchas veces enfrentadas que generaron una sociedad distinta, más justa, más democrática. Cualquiera de ellas sin la otra sólo habría generado espacios sombríos como los que se vivieron en Europa (y se extendieron a medio mundo) a mediados del siglo pasado. Pero, a lo que este artículo concierne, el papel de la derecha ideológica (y olvídense de la etiqueta retroprogre de derecha medievo, izquierda progreso) fue extraordinario. Poco más podría añadir y mejor no podría escribirlo,  que la imagen de una placa en una calle de Vejer de la Frontera que me pasó un amigo. Dice así: “A los liberales del siglo XIX que con esfuerzo, ilusión y hasta el sacrificio de sus vidas, impulsaron el progreso de esta tierra luchando por la Constitución, la Justicia y la Libertad”.

            Muchas cosas han pasado desde entonces, es cierto, pero ¿y ahora? Les confieso la dificultad de escribir este artículo, porque si miro al Parlamento español la derecha ideológica no está representada. No, no lo está, no se sorprendan… No hay un partido liberal, ni un partido conservador, no existe nada parecido en las Cortes. El partido que dice representar a la derecha ideológica no es tal, es un puro instrumento de poder con el único objetivo de mantenerse en él. Y por eso, cada vez que se les pregunta sobre el incumplimiento de su programa, se refugian en la economía, en la estabilización de la misma, y, aunque no hayan tocado ni uno de los problemas estructurales de España, aunque hayan dejado el campo económico sembrado de minas a cualquier futuro gobierno, es cierto que hay una tímida recuperación económica, recuperación a costa del hundimiento de las pequeñas empresas, de una política fiscal salvaje, de pérdida de poder adquisitivo, de medidas antisociales tan desproporcionadas que harían que un camisa vieja de los años 50 enrojeciera de rabia. La sensación de inseguridad de las pensiones, la impunidad con la que se ha movido la banca, la pérdida de derechos sin contraprestación alguna, son tan ajenas a un pensamiento político de derechas como a uno de izquierdas; son medidas que puede implantarse en una dictadura marxista, en una teocracia islamista o en una dictadura militar del corte que sea sin ningún problema. Pero miren, no sé ustedes, veo muchos ministros, y su acción política, entendiendo como tal el cumplimiento de un programa electoral, de un discurso de investidura, brilla por su ausencia, ni siquiera aquellas medidas que no tienen coste económico.

            Honestamente, el desastre político de Zapatero, sigue. Y cuando oigo a uno de sus votantes quejarse de la demencia del Ayuntamiento de Madrid quitando estatuas y calles, tengo que recordarles que en cuatro años, con el mayor poder que ha tenido en España partido político alguno, ni han modificado ni abrogado la ley de Zapatero. Cuando otro de sus votantes brama por la islamización de España y la mentira del multiculturalismo (colorín, colorado, otro sapo nos han colado), les señalo que es el gobierno en funciones el que ha sacado, de hurtadillas, la Ley que regula la enseñanza del islam en las escuelas españolas. Cuando otro se mofa del engendro de la Alianza de Civilizaciones, le digo, que sí, que tiene razón, pero que este Gobierno ahí sigue. Y si me hablan de la politización de la Justicia, pues claro, obvio, pero este Gobierno, ahora en funciones, más de lo mismo. Si con Zapatero las víctimas del terrorismo se encontraban aisladas, con este gobierno más. Si hablamos de los nacionalistos catalanes, y me recuerdan la frase maldita de Zapatero de “Aprobaré lo que traiga el Parlamento de Cataluña”, pues sí, venga vale, Zapatero pasará a la historia como el peor gobernante español, pero este Gobierno, sí, éste, ha financiado ese dislate y ha sido incapaz de enfrentarse a los separatistas jetas en sus desafíos crecientes. Escojan ustedes el área que quieran, confróntelo con la ideología liberal o conservadora, miren, comparen y si encuentran alguna similitud, me avisen oiga. Su actuación ha sido tan dirigida al poder por el poder, con ausencia de cualquier ideología, que simplemente con las normas y las políticas de este gobierno, si llegara al poder un partido de extrema izquierda, con tocar cuatro normas, no más, nos llevaría al paraíso bolivariano en un tris tras.

En el primer artículo de esta saga dije que los votantes de izquierda se hacen cómplices de la deriva de los partidos a los que votan y a los que siguen votando. Para que me entiendan. Si alguien vota una vez a un partido que denomina a un etarra que está en la cárcel, preso político, y le vuelve a votar, asume ese pensamiento, se hace cómplice de él. Ya sé que no todos los ciudadanos de izquierdas son cómplices, hay versos libres, marcianos, personas que no están dispuestas a ser ovejas… Y muchos amigos de derechas me dirán que también en la derecha. Pues sí, también hay versos libres, marcianos y raritos que no están dispuestos a tragar ruedas de molino, pero miren ustedes, unos y otros son pocos, demasiado pocos para lo que hay y lo que nos viene.

Muchos ciudadanos de derechas han hecho fuchina de su propia ideología, y han ido depositando su voto haciendo de tripas corazón, votando a unos para que no salgan los otros, sin darse cuenta que están entrando al juego de un teatro de polichinelas, ya viejo y que va desde el “A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo” de La Celestina al turnismo de los gobiernos españoles del siglo XIX. Y si uno de los actores da muestras de fatiga, ya saben, el chamán de pacotilla en la cocina del partido que sea, coge la varita mágica, dubididabidibu y, ¡zas! se saca de la chistera televisiva a otro aún peor;  y ya está, así movilizan estos encantadores de serpientes, por puro miedo, a sus votantes. Siniestro, ¿no creen? ¡Manda cogumelos!

Pero esto ni siquiera es lo peor. Bueno no es, pero lo trágico es que esta corrupción en la ideología ha ido acomplejando a los ciudadanos de derechas. Han ido asumiendo el buenismo falso que nos hacen tragar, se han resignado a aceptar todo, no se atreven a salir con la bandera española por si les llaman “fachas”, abandonan sus principios, señalan a los disidentes, terminan inhibiéndose de todo y de todos, aclaran que la “gente de orden” o “la gente de bien” no se manifiesta, no hace huelgas, no muestra su indignación (salvo la correspondiente reunión de amigos, que lo mismo da que sea en un bar cutre o en una cena de postín con muy cultos y doctos invitados),  que votan y vale ya.

Se han convertido en lo que algunos llaman la mayoría silenciosa; mayoría, quizás, pero el silencio cuando está en juego tanto en nuestra Nación, es cobardía, es pusilanimidad, es irresponsabilidad y roza la traición. O el votante de derechas asume su responsabilidad en un sistema democrático, o se convertirá en un ectoplasma, en un convidado de piedra de nuestro presente y de nuestro futuro. Quizás nuevos partidos de derecha democrática que están surgiendo, quizás una revolución interna en el que dice que és, pero que no es, puedan cambiar el rumbo, pero sin que se involucre en serio esos ciudadanos de derechas, no hay nada que hacer.


Y a mis amigos de izquierdas, con los que siempre he disfrutado de un buen debate, de una mutua defensa vehemente de ideas, tengo que darles una mala noticia. La ausencia de formaciones de derechas en el Parlamento, en los medios de comunicación, lleva al pensamiento único, a un empobrecimiento de ideas de los de derechas y de los de izquierdas, conduce a que los partidos de izquierdas entren en dinámicas demenciales y nos arrastran a todos en su locura. Del debate, del contraste de ideologías, de la huida de los anatemas a los que discrepamos de la verdad absoluta a la que quieren conducirnos, está el verdadero progreso. Sigamos así, y las peores pesadillas de 1984 las viviremos en nuestras carnes y la heredarán, como una moderna roca de Sísifo, nuestros hijos.

domingo, 28 de febrero de 2016

ESPAÑA ESTA LOCA

Debo ser raro, o marciano, o, quizás, un marciano raro, no lo sé, pero estoy preocupado. De improvisto, tras las pasadas elecciones, me parece que los ciudadanos españoles han decidido en vez de seguir viviendo en el siglo XXI, volver a experimentar el año 31 del siglo pasado. Y si ya estaba inquieto por la proyección a futuro de mi País, el último libro que he terminado no me ha tranquilizado precisamente; por si es de su agrado leerlo, se titula La Ocasión Perdida, de César Vidal, y les traigo un párrafo que dice “Mientras los mencheviques, los eseristas moderados, algunas organizaciones campesinas, algunos sindicatos y algunos miembros del Consejo de la República formaban un comité cuya finalidad era salvar al país y a la revolución y oponerse al golpe de los bolcheviques, éstos se disponían a iniciar la articulación de su dictadura”; por si no lo han intuido, la obra trata de las revoluciones rusas, y cómo fue posible que un país que, tras la caída del Zar, iba camino de convertirse en el sistema más moderno, democrático y socializado, pudo terminar en una dictadura bolchevique sangrienta y genocida.
           
            Sinceramente el panorama español es para irse de aquí y esperar unos lustros para planear la vuelta. No, no les voy a hablar de un partido popular enrocado en el poder y dispuesto a que vuelva un frente popular antes que perder el poder. Aunque de eso les escribiré en el siguiente artículo, ya saben, antes Podemos que perder un mes de cargo. O de un Psoe que sigue dispuesto a seguir anclado en el pasado zapateril y prefiere gobernar seis meses y luego ser deglutido por Podemos. Ambición, mantenimiento de sillones, falta de visión de Estado, y todo bien aderezado con la corrupción, que estos mejunjes están tan sazonados que no hay quien se los trague.

            Muchos se preguntan cómo ha sido posible que se llegara a esta situación. ¡Qué quieren que les diga! Algunos ya nos barruntábamos esta situación y sabíamos que esto no terminaría bien. Hace ya doce años algunos conciudadanos nos movimos de nuestras posiciones ideológicas y nos unimos en un proyecto que considero que todos sabíamos temporal pero necesario; no fue el único, pero sí el que yo conocí. Y ahora, cuando pienso en aquel patache, pienso con morriña en aquella época. No me malinterpreten, no hablo de cúpulas, no hablo de estructuras, hablo de un conjunto de idealistas que se juntaron intentando regenerar un sistema político que atufaba a atarjeas. Hace años que salté por la borda, como otros tantos, unos por resituarnos en posiciones ideológicas más afines, otros decepcionados con una dirección miope, otros simplemente cansados, y aún quedan que siguen aferrados a la culebrina dispuestos a fajarse con quien se tercie, que en esta piel de toro siempre habrá resistentes numantinos. Y de aquella época, eliminando a los rastreros, mendaces y viles que tanto proliferan en nuestra España, sí que conservo los encuentros con personas de derecha e izquierda, unidos por unos puntos comunes, pocos (identidad de la Nación Española, regeneración política, reconducción del estado autonómico, conservación del Estado social), pero tan necesarios antes como ahora; una época de apoyo a víctimas del terrorismo, de defensa de la Constitución. En el balance vital, en esa mochila de experiencias que todos llevamos a la espalda, fue una vivencia agridulce. Buena por lo que les acabo de relatar y porque muchos de los que allí coincidimos nos reafirmamos en unos principios básicos y mejoramos la tolerancia y el respeto a otras ideas; agria no por situaciones internas que no vienen a cuento, sino por una sensación de soledad e incomprensión. Quizá no era la hora, o quizás se abrió el camino, no lo sé, pero hace un porrón de años un puñado de ciudadanos se lanzaban a las calles con unas gorras un tanto ridículas, todo hay que decirlo, para intentar convencer a los conciudadanos que esa situación no iba a terminar bien, que la deriva era peligrosa, que todo se podía ir al garete.

            Pero entonces, como ahora, los diletantes, los acomodaticios, los cobardes, los pusilánimes, miraban extrañados mientras se iban a sus quehaceres, fueran la familia, el gimnasio, comprarse un bolso o tomarse unas copas. ¿Y nunca se preguntaron que los que allí estábamos también teníamos vida y que sacrificabamos una parte importante de su tiempo para intentar cambiar las cosas? De verdad, ¿eran tan imprudentes, tan irresponsables o tan vagos? No les digo que fuera la única opción, ni siquiera la mejor, pero mientras miraban a esos pringados no pensaban que ellos también tenían que hacer algo. No, para qué… Aquí no se asume que los derechos, que el modo de vida, no viene porque descendamos de la pata del caballo del Cid, que hasta nuestros ancestros por mucho Santiago que se apareciera en Clavijos, se pusieron la armadura para vencer a los invasores. Y miren, no se trata de sacar la gola, la escarcela y la toledana, sino de defender lo que teníamos, lo que tenemos, lo que vamos a perder. La incomprensión llegó a tal extremo que dije una vez a un padre que me aconsejaba que no perdiera el tiempo, que la obligación de los padres es luchar por el futuro de sus descendientes, y no malcriarles en el presente, y que si estaba ahí era para evitar que nuestros hijos tuvieran que ser albañiles en Polonia, asistentas en Rumanía o meretrices en Ucrania, y que me perdonen los polacos, los rumanos o los ucranianos, pero a veces viene bien traer a colación los tópicos injustos y manidos para bajar a la realidad a los ilusos.

            Los años pasaron, algunos, pocos, fueron organizando alternativas a la situación actual, pero los compatriotas siguieron en Babia, en su mundo ilusorio, en su egoísmo. ¿Y ahora? Pues ahora se sorprenden, flipan, alucinan, porque el pasado ha vuelto, y no son capaces de asumir su error, su indiferencia, su irresponsabilidad.

            Pues ya les tienen aquí; a la generación peor formada y educada de los últimos cien años, a niñatos malcriados que asaltan capillas, pegan a policías o insultan a las víctimas del terrorismo y luego, después de los años, sollozan diciendo que no sabían lo que hacían cuando se enfrentan a la realidad de sus actos. A los intolerantes que quieren traernos la miseria en la que viven nuestros primos de Cuba o Venezuela. Personas que no conocen nuestra historia ni lo pretenden, intolerantes que vienen a destrozar nuestra cultura, nuestras raíces, nuestra forma de ser, personajes que regresan al pasado ante su incompetencia para dar respuestas de futuro. Individuos para los que la educación es un desperdicio burgués, que se amparan en unos ciudadanos desilusionados, con razón, y que acuden a las urnas más con las gónadas que con la cabeza, y que ante su inactividad de años pasados, pretenden vengarse de los corruptos que campan a sus anchas en estos páramos, sin pensar que si cabalgan libres fue con su pasividad y consentimiento. Pues sí, ya están aquí, y ahora, ¿qué van a hacer?

            Pues miren, hagan ustedes algo ahora, implíquense, exijan a sus partidos esa regeneración, dejen de vivir de espaldas a la política, cambien a formaciones que miren al futuro y no al pasado. O eso o sigan llorando como niños mientras perdemos todos. Ahora les toca.

P.d. En la fotografía he tapado a algunos de los participantes sólo porque no les he pedido permiso para poner esta foto; una mera cuestión de respeto. Es de una manifestación en apoyo de las víctimas del terrorismo… Pero, que pocos éramos ¡pardiez!

martes, 5 de enero de 2016

COBARDES Y MISERABLES

Es noche de Reyes y la verdad no me gusta hablar de malquistos. Es una noche mágica en la que los que aún conservamos vivo al niño que fuimos, nos gusta cerrar los ojos, oír los pasos sigilosos, los brindis callados, oler la magia de los sueños, cerrar los ojos y sentir a los pajes, y quizás recordar aquella noche de hace ya muchos años en que nos deslizamos furtivos y al abrir la puerta del salón, en la que atisbábamos sombras, nos encontramos una habitación vacía con un extraño resplandor.

            Quizás para otros, que ya han callado a ese niño que fueron, disfruten de la noche en la mirada de algún niño, sea suyo o no, y vuelvan a intuir la magia de los Reyes.

            Es una fiesta especial, una celebración de la ilusión, un homenaje a tres Magos que hace dos milenios atravesaron miles de leguas siguiendo a una estrella. De aquel hecho nace una noche de ilusión para los niños, de magia para los adultos, y ni siquiera los ataques furibundos del consumismo más descarnado en forma de multinacionales que disfrazan a otro personaje entrañable en otros lares con la divisa de una marca de cola, o el enganche de grandes almacenes, o los anuncios de colonias que prometen que vuelve el hombre o la mujer (como si el resto del año estuvieran por uvas) han conseguido desbaratarlo.

            Pero este año, la magia está en peligro. Después de once años de franquismo y de cuarenta de democracia, con gobiernos de centro, de izquierda y de derecha, es la primera vez que recuerdo de mi vida en que la magia se empaña con el sabor agrio del asco ante tanto estafermo y botarate. Y me viene a mi cabeza un párrafo del Capitán Alastrite, de Arturo Perez Reverte, puesto en boca de Quevedo que dice así “Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia -dijo lentamente y al hacerlo parecía mirar su reflejo en la superficie del vino- Que es como decir contra España y contra todo”; y aunque las circunstancias de la novela son otras, tengo que reconocer que no me queda más que batirme ante esta pandilla de cobardes y miserables que han desembarcado en instituciones españolas que pagamos con nuestros impuestos.

            Sí cobardes, pusilánimes, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgada. Porque ustedes estarán conmigo en que si alguien no cree en la celebración de esta noche puede hacer dos cosas honestas, o respetar la ilusión, la creencia, la magia, el brillo de la mirada de los niños y la complicidad de los demás, postura honesta en una sociedad democrática o tener las agallas y el coraje de no hacer celebración alguna, de impedir en esos ayuntamientos que gobiernan cualquier cabalgata, cualquier imagen que traiga a los niños un poco de ilusión. Pero estos materialistas de mierda, peores que cualquier yupie envarado en sus gráficas de ventas, destrozan las creencias ajenas, pisotean el sueño y la ilusión, machacan la magia, la convierten en bazofia al paso de brujas repulsivas en vez de Magos. Esta es una sociedad libre en la que se respetan diferentes formas de ver la vida, se toleran actitudes por mucho que no se compartan, siempre que las mismas estén acordes con nuestros principios constitucionales. ¿Quién coño se creen ustedes para destrozar mi ilusión y la de mis hijos? ¿Pero de dónde narices se han sacado la estúpida idea de que lo suyo es una verdad absoluta? ¿Qué clase de mindunguis son ustedes?

            Y miserables, ruines o canallas, personas despreciables y de malos procederes, que destrozan la ilusión de los niños, que los utilizan para adoctrinarlos en sus complejos, en sus mezquindades, en su mundo vacuo. Son gentuza que utilizan a los niños, que generan tarados para el futuro, y sólo para demostrar a sus padres que un mundo mísero, material y mendaz acaba de llegar.

            Ustedes no vienen a regenerar, vienen a demoler, no vienen a limpiar, vienen a entronizar sus mentes acomplejadas y miserables, vienen a que el resto de los ciudadanos comulguemos con sus ruedas de molino, con su doctrina, con su sectarismo y su intolerancia.


            Así que no queda sino batirse… Y les recomiendo, donde haya un esperpento de cabalgata, no vayan, acudan a otras, que con independencia del color político de quien gobierne, seguro que hay gente de bien que aún sabe lo que es el respeto, que sabe que con la ilusión de los niños no se juega, y que aunque no crea en la noche mágica, seguro que esbozará una sonrisa al ver la sonrisa de un niño.

jueves, 24 de diciembre de 2015

NAVIDAD, MAGICA NAVIDAD

Ha vuelto la Navidad. Una Navidad con luna llena, una Navidad en la que volveremos a desear paz y felicidad a los que apreciamos, unas fechas en las que volveremos a añorar a los que se fueron… Pero la Navidad es una época de esperanza y, según pensaba en ello, apareció en mis recuerdos Canción de Navidad, de Charles Dickens y quiero compartir con ustedes un párrafo. Dice así “Honraré a la Navidad en mi corazón e intentaré mantener su espíritu todo el año. Viviré en el pasado, en el presente y en el futuro. Los tres espíritus actuarán dentro de mí. No cerraré la puerta a las lecciones que me han enseñado”.

La verdad es que todos tenemos un poco de Scrooge, excepto cuando se acercan estas fechas y como Gray (el del retrato, no piensen en novelas infumables) queremos dar una imagen amable y de bondad, en resumen, unos auténticos mandrias que somos incapaces de hacer algo en pro de lo que creemos y jipiamos desconsolados por todo lo de malo e injusto que hay en el mundo, especialmente todo lo malo y perverso que nos afecta directamente.-

            Para los que no son creyentes, la Navidad supone una época para manifestar esos valores que han ido empapando nuestra civilización y que muestran un mundo mejor, paz, alegría, felicidad, esperanza. Para los que creemos, supone además una promesa de trascendencia, la celebración de la llegada al mundo de un niño, que al igual que en los belenes infantiles, se le acercan todos los seres vivos reconociendo a su Creador. Pero en este blog quisiera remarcar esos valores que compartimos y que me hace preguntarme la causa de que seamos incapaces de amover esa forma de ser que hace a este mundo tan inhóspito, tan cruel, tan egoísta. -

            No les digo a que cojamos la adarga y la tizona y nos lancemos a los caminos a  desfacer entuertos, pero miren ustedes, quizás todo sea más sencillo, más fácil. ¿Tan difícil es enseñar a los más jóvenes, con nuestro ejemplo, que toda vida es única, valiosa y necesaria? ¿Tan complicado es dejar de comportarnos como gentuza y garrulos con las personas de nuestro entorno? ¿Tan imposible nos resulta ser más tolerante conduciendo, en el trabajo, en resumen, en nuestra vida diaria? ¿Acaso no tenemos vida si no perdemos es complejo de perdedores si no pisoteamos cabezas ajenas? Sinceramente no sé qué nos pasa; en dos días pasamos de ser adalides de la bondad, de la justicia y de la amistad a convertirnos es absolutos cernícalos con cualquiera que no esté girando en nuestro ombligo. ¿Acaso necesitamos la visita de los tres espectros para ver lo triste de nuestra conducta y abalear los valores que nos hacen mejores de las conductas que nos convierten en seres grises y ruines?.-


            Hoy quiero desear a la buena gente (de la gentuza paso) Feliz Navidad, que la luz de la estrella  ilumine su vida y sus corazones, y que el año que viene seamos un poco mejores, sólo un poco, y por supuesto, que sea mejor que el que nos deja.

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿QUÉ PASA CON LA IZQUIERDA ESPAÑOLA?

Hace tiempo que la política me provoca un prurito insoportable. Es más, los sufridores que siguen este blog saben que ya me he refugiado en la historia aunque sólo sea para ahorrarme el suplicio de ver a esta caterva política haciendo el ganso en estudios televisivos, saltando, bailando, diciendo memeces y pareciendo más feriantes de aldeas innominadas que estadistas que van a regir nuestro futuro. Y en esas estaba cuando un párrafo del libro que ha caído en mis manos, me trajo a un molesto presente. El libro en cuestión es “España frente a los judíos: Sefarad” de Cesar Vidal y el párrafo decía “Con las tropas musulmanas ya a este lado del estrecho y un primer ejército godo derrotado, los hijos de Witiza descubrieron que aquellos a los que habían llamado no iban a limitarse a ser dóciles instrumentos”. –

            Aunque el libro trata de los encuentros y desencuentros de los judíos en la historia de España, reconciliación que en mi modesta opinión vino de la mano de Sanz de Brie y otro héroes anónimos para la inmensa mayoría de los españolitos en forma de funcionarios civiles españoles en la II Guerra Mundial, el párrafo que les he ofrecido trata del fin de la era postromana y la entrada en la Edad Media; lo sé, según lo que nos enseñaron en la escuela, el inicio de la Edad Media se data en el siglo V, pero dado que este es mi blog, y que soy libre para plasmar aquí mis ideas, espero que me permitan mantener mi idea que basa la entrada en la Edad Media en el siglo VIII, más concretamente, en el año 711.-

            Las sociedades no se diferencian mucho de los individuos. Llevamos nuestra mochila, arrastramos nuestro pasado, con sus luces y sus sombras. Y en cada presente, el futuro nos muestra una serie de líneas posibles. Somos nosotros los que elegimos esa línea de posibilidades, pero las elecciones que hacemos obviando nuestra mochila siempre estarán condenadas al fracaso, porque partimos de continuidades históricas, de evoluciones desde nuestro pasado a nuestro presente. Reconózcanlo, aquellas elecciones que han hecho olvidando sus antecedentes vitales, lo que les ha llevado al presente, siempre salen mal. Nosotros elegimos nuestro futuro, el que sea, o mejor dicho, la tendencia de nuestro futuro, que la vida ya nos sorprenderá para bien o para mal, pero si olvidamos nuestro pasado, la línea de futuro se dispersa, se nubla, nos lleva a un camino de sombras, quizás festivas, quizás aparentemente gozosas, pero que probablemente traerán una pesadilla después de las luces iniciales. -

            En el siglo VIII, los hijos de Witiza, atentos sólo a su interés, digamos en lenguaje de  hoy político, prefirieron olvidar el pasado, renunciar  a la herencia hispanorromana, romper el futuro que podría haber hecho de Hispania la primera potencia de Occidente y sumergir a nuestros antepasados en una era obscura, siniestra, con sus luces, es cierto, pero caracterizada por la desigualdad, la discriminación, la sangre y la humillación no sólo de los hispanorromanos sino de aquellos cobardes que se unieron gozosos a los invasores. Por favor, olvídense de las memeces que les han contado… El Islam en Hispania fue una época de opresión, un desastre que ustedes no pueden ni imaginar. Cabezas colgadas de las murallas, violaciones, saqueos, y el mayor mercado de esclavos del mundo. El esplendor, las luces, sólo fueron aquello que los invasores encontraron de los antiguos romanos… Que no les timen con una pretendida Al-Andalus tolerante, respetuosa y pacífica, que estos chamarileros no les vendan más motos….

            Y en esas estamos cuando veo y oigo las sandeces de los partidos de izquierda españoles. Verán, nos han acostumbrado a una serie de chorradas y les aprehendemos como normales. Pues no, verán, no es normal. Aunque no sea políticamente correcto, quiero recordar una frase de un familiar que decía a sus hijos, cuando empezaban las bobadas de la pubertad, una frase que casi se ha convertido en norma de conducta. “Mariconadas las justas”, decía, y, qué quieren que les diga, ahora, a mis cincuenta tacos, lo suscribo.-

            La continuidad histórica de la que les hablaba antes nos hace a todos, o casi todos, hijos de la revolución liberal y también, como no, hijos de la época de la revolución, con un contenido marcadamente de izquierdas. Vivimos en una sociedad occidental con un devenir histórico complejo, turbulento y rico en valores. Si usted pregunta a un paisano cualquiera, la mayoría de ellos estarán de acuerdo en asumir los principios liberales y, a la vez, principios sociales. El votante de izquierdas se hace actor secundario de la hora de la marmota (gran película pardiez) en la que viven los partidos de izquierdas, para ser cómplice de tonterías, mentiras y planteamientos suicidas; porque miren ustedes, en vez de encontrarnos a unos partidos de izquierdas en los que primen propuestas de carácter básicamente económico relativo a la redistribución de riqueza, carga fiscal, protección social y gasto público, típicas de partidos de izquierda de los países occidentales, y que permiten que en función de la situación de los ciudadanos estos voten unas propuestas u otras de signo contrario, en España parece que están sufriendo una especie de crisis de los cuarenta años con conductas adolescentes e irresponsables.-

            Así, las actitudes más significativas, las que mayor importancia parecen tener para solicitar el voto tienen varias patas, a saber, el ataque permanente al cristianismo, la demonización de la idea de la Nación Española y la permanente vuelta al año 1936, y todo aquel que les contradiga, como hacen los púberes malcriados, será insultado, vilipendiado y marcado con el sambenito de facha o retrógrado, con independencia de lo que piense o crea en otras materias. Pues miren, a mi ya me trae al pairo…

            Espero que perdonen que este artículo se extienda, y si ya han llegado hasta aquí alabo su paciencia y tolerancia, pero creo que debo (a mí mismo al menos) justificar lo que planteo.

            La izquierda española (y hablo de partidos, no de sus votantes) se caracteriza por una actitud hostil hacia el cristianismo. La alcaldesa de Barcelona dice celebrar el solsticio de invierno, con lo que me planteo si sabe el carácter espiritual de esta fiesta y si quiere que bailemos alrededor de un roble rezando a los dioses celtas o la alcaldesa de Madrid pretende inicialmente retirar los belenes para luego poner uno chiquitito y hablar de fiestas multiculturales y a la vez desear paz, ¿paz? Si usted elimina el componente cristiano, ¿por qué en esta época va a desear especialmente paz?. Otros pretenden prohibir las procesiones de Semana Santa y lo más grave que he visto, en las redes sociales, una persona de izquierdas llama a un sacerdote pederasta, sólo por el hecho de ser sacerdote, y acto seguido hablar de los musulmanes como hermanos, cuando en el Islam no hay ningún problema en casarse con una niña de 12 años. Lo ´se, claro que hay sacerdotes pederastas, pero ni la túnica hace al monje, ni la toga al jurista ni el uniforme al militar. En cualquier organización hay gentuza, pero con independencia de los casos que haya (y que deben ser condenados y castigados con extrema dureza), ¿acaso el mensaje cristiano apoya la pederastia?.

Todo como verán muy coherente. Pues creo que va siendo hora de situarse. España, les guste o no, es un país occidental, que bebe de fuentes grecorromanas y cristianas. Eso es así, y eso ha formado a las sociedades occidentales. Guste o no guste la religión es un componente básico de la civilización, con independencia de que se crea o no. Y la sociedad española del siglo XXI no pretende un Estado confesional ni una intromisión religiosa en las normas civiles. El que sea creyente, al igual que el que no lo sea, votará en función de su conciencia, y ya está. Pero no se puede eliminar del propio sistema cultural, de lo que nos hace ser como somos, de uno de los pilares de nuestra civilización el hecho religioso cristiano, porque miren ustedes, la multiculturalidad no existe, es incompatible la civilización occidental con la musulmana, y lo más que se les puede permitir es una existencia respetada siempre y cuando acaten y respeten los propios principios. Las sociedades multiculturales terminan como la antigua Yugoeslavia, donde el conflicto entre ortodoxos, católicos y musulmanes generó un río de sangre de extraordinaria dureza. Si ustedes pretenden eliminar el hecho cultural cristiano por el multiculturalismo, lo que al final van a conseguir es plantear quien manda, si un sistema cultural islámico o un sistema cultural occidental.


De igual manera, la izquierda española parece sufrir erisipela cuando se habla de Nación Española. Parece que lo progre, lo que mola, es hablar de naciones discutibles y discutidas. Se habla de bandera franquista, cuando nace en el siglo XVIII con claros antecedentes de la marina comercial española de la Edad Media, se tolera el silbido al Himno Nacional, y toda una serie de comportamientos que parece que estén acomplejados de la propia Nación. Y sinceramente, me sorprende, porque si algo ha caracterizado a los movimientos de izquierdas en el resto del mundo, es la afirmación de la propia identidad nacional. No les voy a aburrir con ejemplos que van desde la Revolución Francesa hasta la denominada por Stalin la gran guerra patria, pero aquí, en la piel de toro, parece que el objetivo es la destrucción sistemática de la idea de la Nación Española. Y, ¿qué pretenden?, ¿la tribu?. Claro, será para bailar alrededor del roble…

Y la tercera es la vuelta, como la burra al trigo, al guerracivilismo. Miren ustedes, Franco, al menos para mí, igual que la conducta de los partidos de izquierdas y los de derechas antes, durante y después de la Guerra Civil es una cuestión histórica, superada por el tiempo y por la Constitución de 1978. De aquel desastre de la sociedad española debemos de aprender a no repetir errores, especialmente el enfrentamiento por ideologías, y ese error, precisamente ese, es el que pretenden repetir. Miren, los problemas en la España de hoy son problemas de futuro, no del pasado. La reconciliación costó, fue dura, y supuso el sacrificio de muchos implicados, de un signo y de otro, así que, en su nombre, por su esfuerzo en perdonar y aceptar, por la nobleza y gallardía que mostraron, por el ejemplo que dieron a las generaciones que veníamos después, dejen de abrir viejas heridas.



Quizás los nuevos partidos de corte más socialdemócrata europeo, como puede ser UPyD o Ciudadanos, metan debajo del quillango estas majaderías, porque de seguir en estas actitudes, al igual que los hijos de Witiza, serán causantes de un desastre nacional.  ¿Y la derecha?, se preguntarán ustedes… Bueno, eso toca en el siguiente blog.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA GUERRA CIVIL QUE HAY QUE GANAR

No, no se agobien; no les pienso hablar de bombas, tiros y armas. Tampoco me quiero centrar en el islam y sus relaciones con occidente, porque de eso ya he escrito suficiente, les he aburrido bastante, y hay que dejar sitio para que todos los que ahora se caen del guindo, puedan escribir lo mismo que escribíamos algunos y por lo que nos llamaban de todo menos bonitos. Pero quizás sí que les voy a hablar de una guerra muy complicada que tenemos que ganar, antes de meternos en otras guerras, salvo que estemos dispuestos a perder todas las batallas y la estrella de occidente vuelva a declinar en las tinieblas de una nueva edad media.

            Hace una par de fines de semana, un amigo me invitó a una reunión en su casa. Además de unos estupendos anfitriones, una velada agradable y unos invitados de los que pude percibir calidad humana, un crítico de cine, habló sobre el individualismo en la sociedad y la respuesta que daba el cine, comentando y explicando una selección de imágenes de distintas películas,  que iba reproduciendo. Sinceramente, para el que esto suscribe el cine era, hasta aquel día, un mero instrumento de evasión lúdica, pero después de caerse todos los palos del sombrajo, cada vez que vea una película intentaré comprender el mensaje que quiere transmitir.

            Quiero decirles que la exposición que hizo la he tenido muchos días muy presente; se mezcló  con las noticias de los atentados, y con la lectura de un libro del que ya les he hablado, pero que les vuelvo a recomendar, El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, de Samuel P. Huntington, del que les detallo un párrafo que dice “El problema para el Islam no es la CIA o el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos, sino Occidente, una civilización diferente cuya gente está convencida de la universalidad de su cultura y cree que su poder  superior, aunque en decadencia, les impone la obligación de extender esta cultura por todo el mundo. Estos son los ingredientes básicos que alimentan el conflicto entre el Islam y Occidente”.  Y lamento decirles, que este conflicto, y cualquier conflicto futuro en el que nos veamos abocados, sea económico, bélico o lo que se tercie, lo vamos a perder salvo que ganemos una guerra civil muy dura que está dentro de nosotros.

            ¿Qué fue primero en nuestra civilización? ¿La libertad o el individualismo? Entiéndanme, creo que el individualismo, entendiendo como tal la tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales, es una de las características de nuestra civilización. El individuo asume sus acciones, con sus errores y sus aciertos, y ejerce su libertad. Pero miren ustedes, una cosa es una tendencia y otra una norma absoluta de actuación. La libertad  como derecho del individuo, admite actuaciones positivas y negativas, o dicho de otra manera, cada uno puede limitar su libertad o hacer lo que le salga de la higa mirándose el ombligo con fruición. El individuo es una unidad muy pequeña, y va formando otras estructuras que no son la mera suma de individuos, sino que tienen su propia dinámica. Una pareja supone una limitación voluntaria de la libertad de cada individuo para crear una unidad superior e independiente que opera con sus propias normas de relaciones con familias, terceros, etc.. De igual modo una familia implica varios individuos que han limitado voluntariamente su libertad para crear un grupo que opera de una manera distinta. Y así vamos construyendo nuestra sociedad occidental, con libertad, es evidente, pero con responsabilidad y buscando una trascendencia del propio individuo.

            Pero nos hemos vuelto niños malcriados… Ejercemos nuestro derecho a limitar nuestra libertad y nos sentimos agredidos, limitados, agobiados, restringidos… No nos encontramos cómodos si no es haciendo lo que nos vaga y sin que nadie nos ponga freno a nuestros caprichos. Nos hemos convertido en islas y cubrimos nuestras carencias con solidaridades televisivas y similares. Eso sí, como es Paca que se molesta porque me lío con la secretaria buenorra de la oficina, o, estoy hasta las narices del niño, leche, que tengo derecho a ver mi tele y me da el coñazo con los deberes, pero ¿qué narices hace el profesor?, o, puff, que puñeta le han hecho a Pepe, mi compañero de trabajo, pero bueno, yo de momento estoy más o menos bien, que él se apañe. ¿Quieren que siga? Nos hemos convertido, con mucha ayuda eso sí, en ególatras, en seres que lo mismo da blanco, que negro, mientras a mí no me afecte eso sí, en individuos amorales, en los que reclaman mucho pero que lo que dan es por la fuerza de las leyes.

            En el fondo, y en la superficie, somos indiferentes a todo, salvo a nuestro ego. Nos importan las relaciones en cuanto mantienen nuestro rol, pero poca implicación en nada, ni en parejas, ni en familia, ni en trabajo, ni en política, ni en asociaciones, ni en nada. Vamos a nuestra bola y que se aparte el resto, que no me perturbe y no me complique la vida.

            Y con esta forma de ser, ¿Qué estamos dispuestos a jugarnos para mantener nuestro sistema de vida?, ¿qué sacrificios vamos a realizar para mantener nuestra civilización? ¿en qué estamos dispuestos voluntariamente a implicarnos para que nuestros hijos puedan recibir un sistema de vida y de valores que ha costado siglos crear?


            Siento decírselo, pero, o ganamos la guerra civil que tenemos con nuestras actitudes, la incoherencia entre lo que hacemos y lo que decimos que queremos, o nos situamos en donde estamos y volvemos a mirar a nuestro alrededor, o no ganaremos ningún conflicto. Y este campo de batalla, en lo que nos hemos convertido, ¡que quieren que les diga!, si que va a ser una guerra larga y dura.

domingo, 1 de noviembre de 2015

SAMHEIN

Se fue el Samhein… Una fiesta celta cargada de espiritualidad muy alejada del invento mercantilista de los descendientes de los herejes de la pérfida Albión. En esta celebración, que coincide con el 1 de noviembre cristiano, los antiguos celtas creían que durante la noche de la víspera del Samhein, el mundo de los dioses se hacía visible a los mortales, y de ahí surgían grandes portentos y desgracias. En esa conexión entre mundos diferentes, se abrían puertas a otros mundos; una noche cargada de magia y esoterismo, por lo que se solían colocar presentes en las ventanas para que los seres del otro mundo pasaran sin hacer daño a los habitantes de los cairns (o castros). Así que a nadie puede extrañarle que cuando el cristianismo se expandió por terrenos celtas, asimilara celebraciones que no le eran del todo ajenas.-

            Tengo que confesarles que no es una fiesta que me moleste especialmente; Cualquier situación en la que los críos puedan disfrutar consigue sacarme una sonrisa, y pienso que al menos sean felices que bastante complicado es el mundo que les  estamos preparando. Sin embargo cuando veo a maromos haciendo el cimbel, vagando por las calles como una horda medio risible, medio etílica, no puede menos que recordar un párrafo de las Epístolas Morales a Lucilio del cordobés Séneca que decía “”Examina a esos que deploran lo que desearon y tratan de huir de cosas sin las cuales no podrían vivir, y verás cómo persisten voluntariamente en aquellas cosas por las cuales se creen oprimidos y que, teníéndolas que soportar, se creen desgraciados”.

            Hace unos días nos reunimos un grupo de amigos que hemos creado una asociación cultural pàra tener una tertulia que versaba sobre el fin de la civilización romana. El ponente intentaba demostrar que, frente a la fecha tradicional que data la entrada en la Edad media en el año 476 con la caída del último emperador romano, el verdadero fin de la Civilización romana, y la entrada en la oscura Edad Media tendría que datarse en el año 711 con el cierre por el Islam del verdadero corazón de la civilización romana que era el Mediterráneo.-

            No voy a replicar el contenido de la tertulia, ni las distintas posiciones de los asistentes, pero sí hubo un acuerdo bastante generalizado en que fuera en el siglo V o en el siglo VIII, una de las causas de la caída de la civilización romana, del paso de ciudadano libre a siervo, fue la pasividad civil que nunca estuvo dispuesta a enfrentarse a una realidad que iba a cambiar su vida, que iba a destruir todo lo que valoraban, que, al igual que lo que decía Séneca, se creían desgraciados de aquello que les hacía vivir.-

            Y, honestamente,  veo a adultos disfrazados en la noche de Samhein y pienso que quizás, en vez de afrontar sus realidades, pretenden esconderse detrás de disfraces, huir de sus problemas, seguir cantos engañosos que les llevan a la oscuridad del siervo, a la pérdida de su futuro, a la destrucción de todo aquello que de verdad quieren.-

            Y sigo pensando, y quizás no sea el disfraz que se ponen en la noche del 1 de noviembre, que puede que llevemos un disfraz permanente, y nos creemos las mentiras que nos quieren vender, asumimos las falsedades de otros disfraces, y vivimos en un mundo de ilusión, para despertarnos en una pesadilla. Quizás sea hora de quitarnos el disfraz, de negarnos a tragarnos las mentiras que otros disfraces nos venden y tomar las riendas de nuestro presente y el destino de nuestras vidas.-


            Sé que el inmortal Cervantes, en nuestro Quijote, dijo aquello que la falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arratrándose, de modo que cuando la gente se da cuenta del engaño ya es demasiado tarde, pero no le hagan mucho caso, Demasiado tarde, nunca; duro, seguro, pero miren, en el 711, después de siglos de indiferencia, un puñado de hombres dijeron que ellos iban a recuperar su derecho a ser ciudadanos, se echaron a las peñas y palmo a palmo recuperaron su libertad. Nunca es tarde, así que les invito, en este presente que nos jugamos nuestro futuro y el de nuestros hijos, fuera disfraces, azagaya o gladio en la mano, fuera mentiras, y a recuperar nuestra ciudadanía.