jueves, 9 de octubre de 2014

ESTA CLARO: LA CULPA ES DEL MUERTO

Aquellos que tienen la paciencia de seguir este blog recordarán que dos artículos atrás les decía que tenía la sensación asistiendo a la suelta de los cuatro jinetes del apocalipsis. Pues bien, uno ya le tenemos aquí, así que relájense y disfruten. Yo, para celebrar el glorioso acontecimiento de ser el primer país europeo que tiene el ébola, releí una obra de Camus titulada La Peste, y quiero compartir un párrafo por si se sienten ustedes identificados. Dice así “Las medidas tomadas eran insuficientes, eso estaba bien claro. En cuanto a las "salas especialmente equipadas", él sabía lo que eran dos pabellones de donde había desalojado apresuradamente a otros enfermos; habían puesto burlete en las ventanas, los habían rodeado con un cordón sanitario. Si la epidemia no se detenía por sí misma, era seguro que no sería vencida por las medidas que la administración había imaginado.” ¿Les resulta familiar? Sinceramente no se cómo terminará este desastre, pero algo sí que tengo claro. La culpa del ébola la tiene el repatriado, el perro y la enfermera, o dicho de otra manera, el cura, el animal y la funcionaria. Esto es la España cañí; pasen y jueguen señores…

            Después de la España de Pepe Gotera y Otilio que nos impuso el nefasto anterior Gobierno, viene ahora la conversión de España en la 13 Rúe del Percebe traída de la mano del presente Gobierno, así que no lo duden, África vuelve a empezar en los Pirineos, el tercer mundo ya ha llegado, porque, además de los ERES, los Gurtel, los nacionalistos inventándose la historia y llevándose la guita a Luxemburgo o donde les vaga, los terroristas en los Ayuntamientos, los fraudes, corruptelas y similares, por si eso fuera poco, viene ahora la chapuza nacional en forma de virus. Permítanme que primero haga un repaso a los tres despistes que nos han puesto y que les cuente luego lo que pienso de esta calamidad nacional, eso sí, les recomiendo que corran en círculos, se mesen los cabellos y griten, porque esto da miedo.

            El Cura, ni más ni menos; con el clero hemos topado, amigo Sancho. Por lo visto en esta España de pandereta, en la que vamos de solidarios, geniales y super guays, que se traiga a un cura es pecado de lesa patria. Pues no, miren. Me da igual que sea cura o seglar, espeleólogo o marciano. Este hombre era español, aquejado por una enfermedad gravísima y en un país en la que no tenía ninguna posibilidad de tratamiento. ¿Habría que haberle dejado allí?. Pero, ¿esto es una nación o una tribu cutre de personas que se miran al ombligo? Vamos a ver, si un español está en problemas, es obligación de la Nación ayudarle, sea un pesquero vasco en aguas infestadas de piratas, un cura con ébola, unos catalanes en mitad de la revuelta árabe en Egipto o un cooperante apresado por terroristas islámicos. Esa es la obligación del País, esa es la solidaridad que forma una estructura sólida, eso es lo que nos identifica como ciudadanos, eso es lo que nos puede ayudar a salir de esta sociedad de borregos; y eso es compatible con que se tomen medidas posteriores, de pago, de compensación económica, de sanción o las que se tercien. Pero aquí no, seguimos pensando en clave de tribu, “uga uga”, y que cada perro se lama su cipote. ¡Patético! A los que critican que se le trajera, ¿pensarían de otra forma si fuera su hijo, su padre, su tío o simplemente de su cuerda ideológica? Y a los que aún mantienen esa postura, ¿qué opinan del riesgo que están corriendo guardias civiles en las fronteras españolas trajinando con emigrantes de África? ¿O esos que saltan la frontera no pueden estar infectados? ¿Ponemos los tanques y las ametralladoras y disparo a matar para evitar el riesgo de  que lo traigan con ellos? ¡Perdón!, se me olvidaba, el español que la diñe, pero con el otro, el extranjero, hay que ser solidario y si la casca alguien que sea el de la civila, que para eso le pagan,. Antes yo pensaba que esta Nación tenía que ser analizada por un antropólogo como rara avis. Ahora creo que debe ser tratada por un psicólogo o un psiquiatra, porque se nos ha ido la pinza a todos.

            El perro, la bestia peligrosa y amenazante, el reservorio de virus en cuatro pata, vamos, ¡Paco (O Mariano, lo mismo da), qué viene el loboooo!. Un país serio y decente habría separado al perro, le habría puesto en observación (cuarentena, ¿recuerdan?) y habrían sabido si de verdad estaba enfermo o no. He intentado buscar un solo caso de contagio de perro a humano, y no lo he encontrado, por lo que tengo que pensar que los perros son inmunes al ébola, como al SIDA y a tantas otras enfermedades. Los que tenemos animales, mejor dicho, los que hemos convivido con animales, sabemos que los virus de las especies no se transmiten necesariamente (hay virus que compartimos y otros no). Claro, que un país serio también aprovecharía para conocer por qué los perros son inmunes, analizar su evolución… Pero aquí no, claro. Sé que para muchos de ustedes es un tema menor, pero para mí es una cuestión de respeto a la vida, de equilibrio, de civilización. No sé si saben que la gran mortandad en la Edad Media por la peste, que casi despuebla Europa, se debió, en gran medida, a la matanza de gatos que los politiquillos de turno de la época promovían. Y los bobos de entonces, no muy diferentes de los borregos de ahora, asentían y ejecutaban. Sin gatos, más ratas y ratones…  Ahora, nuestros políticos golferas siguen sin tener respeto alguno a la vida, bueno, digamos que tienen respeto a la vida que se dan con las tarjetas black que, todo hay que decirlo, han pagado los ilotas de siempre, es decir, usted y yo. Así que ante una situación desbordada, ¿qué hace el político de turno?, pues matemos al perro y así parece que controlamos la situación, cuando lo cierto es que no controlan nada, y este hecho sí que me ha puesto muy nervioso, porque demuestra la improvisación, la falta de ideas y el desastre en el que nos movemos. Pero vamos, aplican el refrán de siempre, “muerto el perro, se acabó la rabia”, eso sí, según un responsable le sedaron antes. Faltaría más, ¿pretendía hacerlo con un cuchillo jamonero? Pero, ¿en qué manos estamos? Pues no, no se ha acabado nada. Han matado a un animal sin necesidad, a un destruido a un ser que lo único que hacía era dar amor a sus dueños, uno de los cuales está jugándose la vida. Así es como se paga por estos mercachifles el servicio a España y a sus ciudadanos. Tomen nota señores…

            La funcionaria irresponsable que no guarda el protocolo porque, sin duda debía estar tomándose cafetitos… Sinceramente, llego a este punto y siento arcadas con tamaña injusticia, tanta maldad, el desborde de iniquidad, el grado máximo de ruindad. Sois despreciables, sois una calaña que esta Nación no se merece. Resulta que una enfermera, voluntaria, que arriesga su vida por un compatriota, ¿va a ser la responsable? Pero, ¿de dónde ha salido esta tropa?. Resulta que la que se juega la vida, su vida, no de la ministro de turno, la que arriesga todo lo que tiene, al final será la mala de la película. ¿Y mis conciudadanos escuchan y no los abuchean? Pero, ¿qué grado de estupidez tiene ya la vieja y vapuleada piel de toro?. De tanto pensar que nada nos llegaba, de tanto consentir en tropelías y golferías, de tanta dejación de derechos y responsabilidades, de tanta inhibición de los problemas que nos rodean, de tanto no es mi problema, no nos hemos dado cuenta aún de qué sí era nuestro problema, y ya lo vemos en la puerta. Feliz despertar…

            En esas estamos… Como aquellos que siguen este blog, masoquistas sin duda, ya sabrán, la historia me apasiona. Y una parte de la historia poco común es la historia militar. ¿A qué viene esto ahora? Se preguntarán. Bueno, porque si miran un poco en los libros sabrán que hay determinadas enfermedades que los mayores expertos son militares. ¿Por qué?, bueno, porque pueden ser usadas como armas bacteriológicas, y son los militares los que deben estar preparados para defender de un ataque de estas características. En los países serios están instalaciones de alta seguridad, con cámaras selladas, control permanente (¿dónde están las grabaciones?), vigilancia armada, cámaras de descontaminación (que, por cierto, habría evitado ese error de rascarse la cara. Pero, ¿no se descontaminan con lluvia de lejía al salir?). Lo que llaman centros con protección P4 y que sin duda habrán visto en algunas películas. ¿No les ha extrañado que llevaran al primer paciente a un centro médico civil, con personal muy cualificado, sin duda, pero que dudo hayan estado en contacto con determinados patógenos?. ¿Y no les ha puesto los pelos de punta el que ahora digan que hay que convertir el hospital civil en un centro de referencia? ¡Ah!, Pero, ¿no lo era antes?. Seamos claros, esto es un absoluto desastre, una sanidad repartida en califatos autonómicos, un gobierno central que no gobierna, que se gasta el dinero en financiar campañas separatistas en vez de dotar de medios contra riesgos reales a los que tienen que protegernos, un gobierno que permite que el dinero se vaya en rescates a los chiringuitos que disfrutaban, a órganos consultivos y de asesoramiento, en fin, al desmadre al uso. No lo duden, si no le llevaron a un centro de alta seguridad es porque no lo hay, ni civil ni militar. Y si no lo hay es porque el dinero se lo han gastado en otras cosas, y, mire, los recortes mal llevados se pagan. 

              Y miren, ¡qué quieren que les diga!. El domingo pondré la bandera española en el balcón, no por estos tunantes que nos gobiernan o nos han gobernado, será mi homenaje a la buena y decente gente que vive en esta nación, lo haré por el cura muerto, por los guardias civiles que se juegan la vida en la frontera, por los militares que nos defienden, por los desahuciados por el black bank, por los parados que mirar alucinados el fasto y boato de los que deberían sacar a España de su ruina, por la enfermera abnegada y heroica que se ha jugado la vida por intentar salvar a un compatriota, por las víctimas de terroristas que se visten ahora de púrpura (será teñida con la sangre de sus asesinatos), por todos nosotros que espero tengamos algún día los dirigentes que de verdad nos merecemos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

VIDA Y MUERTE

En un anterior artículo de este blog compartí con ustedes las sensaciones de un verano plácido y relajado, en la que habían ayudado mucho unos cuantos libros que tenía pendientes de leer. Uno de ellos, titulado El Sello Indeleble (de Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín-Loeches), me ayuda a reflexionar sobre la evolución, la vida, el pasado y el presente, con independencia de si estoy de acuerdo con sus conclusiones (no con los hechos, obviamente, dado el nivel científico de los autores. Un párrafo del libro decía “Julian Huxley señalaba también la necesidad, para llegar a ser inteligente, de tener un desarrollo embrionario prolongado, en un ambiente muy protegido como la placenta”. Si se lo comento ahora es porque hace unos días oí la terrible noticia de una madre que mataba a sus hijos recién nacidos.-


Tengo que confesar que soy un enamorado de la vida; seguimos sin saber (si nos limitamos al terreno racional) como surge, como se desarrolla y cuál es su propósito, pero, al menos para mí, me merece un respeto absoluto y lo vivo como un milagro diario. Es parte de mis convicciones morales, que usted, amable lector, podrá compartir o no,, y por eso mismo no entiendo la muerte inútil de un ser vivo, toda aquella que, en palabras simples de película infantil, no esté provocada para comer o evitar ser comido, y por supuesto me resulta incomprensible, triste y propio de una especie miserable, el sufrimiento inútil, la diversión a costa del dolor de un ser vivo. Para mí es un fenómeno incomprensible como se pueden saciar los bajos instintos de una especie bípeda que se dice civilizada, a costa del sufrimiento de otro ser vivo con el que compartimos el planeta; si cada ser vivo es único e irrepetible, ¿por qué el humano tiene ese afán de exterminarlo?. ¿Cómo una especie puede fundamentar su juego, su ocio, en disfrutar de la agonía de un ser vivo?-

La fascinación por la vida implica necesariamente el rechazo y el horror por la muerte estéril y absurda: por eso la noticia que les comentaba al principio me sobrecogió. No pretendo juzgar a la madre que ha cometido tales parricidios. Hay muchos monstruos humanos, pero también sé que un cúmulo de situaciones, de percepciones (erróneas o no), de vivencias puede hacer cometer actos que para el resto de los humanos son inexplicables; no, ya tengo una edad en la que no me quiero calzar los zapatos de la vida de otra persona; pero no juzgar moralmente a una persona no implica que no pueda valorar el hecho en sí mismo, así que convendrán conmigo en que ese acto, la muerte de unos niños recién nacidos, en sí es malo, es injusto, es terrible, con total independencia del substrato vital de la madre, de sus motivaciones o convicciones. Y que conste que hablo de moral, no de derecho; que la ley humana juzgue, que para eso el derecho sólo es la norma de convivencia que una sociedad se impone (o la imponen) para mantener la estabilidad de ese acuario frágil en el que nos movemos, siempre presto a saltar en pedazos y llevarnos a luchas fratricidas, guerras o genocidios.

La noticia que oía, además de la descripción de los hechos, incluía las valoraciones horrorizadas de diversos participantes en el programa. No puedo menos que decir que compartía sus opiniones, no sólo por esa hipnosis mágica que parecen tener los medios de comunicación audiovisuales, sino porque los hechos relatados eran escalofriantes. Niños ahogados según nacían, cuerpos almacenados en neveras. Hechos realmente terribles y que me daban escalofríos sólo con oírlos en la radio. La madre está procesada, sentencia de asesinato y pendiente de fijar la condena. Hasta aquí creo que todos estarán de acuerdo con lo que planteo, el horror, la pena, la indignación; pero confieso que la mente es un misterio, y que a veces se pone a cavilar en lo que no es políticamente correcto, en lo que se aleja de las “verdades” que nos imponen, y se mete en charcos que entiendo que a más de un lector les puede incomodar.

Viene el comentario precedente porque empecé a pensar que si esa madre, procesada, que ha realizado un hecho reprobable y malo para todos, hubiera eliminado a esos bebes unos días antes, ni sería noticia, ni en los programas se oirían lamentos y lloros, porque sería sólo un aborto más. Ya sé que hoy en día el aborto se ha convertido en un arma política, aun cuando hablamos de un problema moral (ni siquiera religioso) y no ideológico. Abortos han realizado y aprobado ideologías dispares, aunque es cierto que por motivos distintos. Abortos realizados por mantener la pureza de la raza aria y evitar el nacimiento de niños con taras no se diferencia, en la consecuencia del acto, con abortos realizados en niños con deficiencias en las muy democráticas sociedades occidentales. Abortos realizados bajo la batuta del Soviet para controlar el requerimiento de recursos por parte de los súbditos, no están muy alejados del aborto por causas socioeconómicas. No, no es un debate político. Pero mientras los partidos mayoritarios conchabean para mantener sus prebendas y cubrirse sus vergüenzas, utilizan el aborto para despistar al personal; pero no se olviden que esta gente sin escrúpulos no respetan nada. Y así un partido socialista, incapaz de gobernar, que lleva el país al abismo, cambia la ley del aborto para que las ovejas que les van a votar hablen de eso. Y un partido popular promete cambiar la ley para que a su vez sus ovejas le voten. En el fondo, estoy convencido que ni a uno ni a otro les importa un pimiento la vida; sus cálculos sólo son numéricos, electorales, el resto pamplinas. Por eso no habrán visto ustedes debate alguno serio, meditado, con algún fundamento.-

Por este motivo empecé a repasar la lista de argumentos que se plantean. He oído el de la dependencia, es decir, que el nasciturus (participio de futuro del latín, que quiere decir el que va a nacer, ¡ojo!, no el que puede nacer), depende en exclusiva de la madre y que ella puede decidir según su voluntad. Dado que el humano depende de los padres para su subsistencia hasta los cuatro años, más o menos, la continuación lógica del argumento es que mientras un humano dependa de sus padres, o de otros, estos tendrían la potestad de eliminarle; siguiendo este principio, deberíamos entender que la mujer que ha matado a sus hijos ya nacidos, según les relataba al principio de este artículo, ha obrado correctamente. También hay quien dice que el nasciturus es una parte del cuerpo de la madre, principio que nos retrotrae a una era precientífica, porque, si el código genético de la madre es distinto al del hijo, ¿cómo va a ser parte de la misma? El más usual es el que dice que es vida, pero no es humana. Y, ¿qué quieren que les diga?; este argumento me crispa profundamente porque ya les he dicho que soy un enamorado de la vida. ¿Acaso, aunque sólo fuera vida, puede exterminarse tranquilamente? Si no puedo admitir el principio de que podemos exterminar cualquier tipo de vida sin necesidad, ¿cómo puedo admitir que se exterminara vida sólo por la voluntad de una persona? Pero además, si no es vida humana, ¿qué es? ¿Acaso hay una mutación rara, y una mujer embarazada no se sabe lo que hay hasta que nace, y, por arte de birlibirloque surge un humano? ¿No será más bien un estado del humano?. Pasamos por la infancia, la juventud, la madurez, la vejez; todas y cada una de estas fases no nos hacen cambiar de especie. No somos niños humanos, jóvenes dinosaurios y viejos crustáceos; no, sólo son pasos de nuestra evolución, y sin tan humano es un niño como un anciano, creo que igual de humano es un nasciturus, una fase inicial y previa a la niñez. El único argumento que creo que tiene consistencia lógica es el que dice que hay excepciones, lo que en derecho se llama eximentes. Por ponerles un ejemplo simple: Todos (bueno, más bien casi todos), pensamos que matar a otro ser humano es malo, pero entendemos que matar a otro humano en legítima defensa (por ejemplo) tiene justificación, y aunque creemos que el hecho en sí es malo, estamos de acuerdo en que el que actuó de tal manera no debe ser condenado ni reprobado.

Creo que este es el centro del debate al que no quieren llevar a los ciudadanos, y que es tan viejo como el hombre. Muchos pueblos han matado niños, al igual que otros animales matan cachorros de su misma especie; no les voy a hacer una enumeración para no aburrirles aún más, pero estoy convencido que esos pueblos sabían que era malo, al igual que para esas otras especies (al menos las más evolucionadas) no era una decisión sencilla. Estoy seguro que cuando unos padres espartanos mataban a un hijo que no superaba las pruebas que les imponían, sufría profundamente. Sin embargo, esas sociedades, de las que pensamos que eran casi salvajes, les faltaba algo que sobra en nuestra sociedad. Hipocresía. Ellos sabían que mataban niños, estaba perfectamente claro. No había eufemismos ni tapujos. Aprendamos de ellos y dejemos de fingir. Así que creo que el debate que deberíamos hacernos es, ¿cuándo podemos matar niños y por qué?, o dicho de otra manera, ¿esta sociedad cuando considera que derramar sangre de niños es legítimo? No sé si les parecerá dura la pregunta, pero creo que si vamos de sociedad civilizada, de cultura predominante, de superioridad respecto a otros pueblos u otras especies, al menos no deberíamos engañarnos, así que le propongo que cuando surja el tema se pregunte a usted mismo si considera un derecho matar a un niño, y en qué circunstancias lo admitiría, pero también piense que a la vida se la respeta o no, y que cuanto más extienda estas circunstancias, alguien, en algún momento, puede pensar (o volver a pensar) ya no sólo en matar niños, sino en eliminar ancianos, inadaptados o asociales.

martes, 9 de septiembre de 2014

LATENCIA

Se marcha el verano, los días se acortan… Está claro que empieza el año, el de verdad, el que dura once meses. Después de todo, celebramos el inicio del año porque unos astutos romanos consideraron que si se elegía a los cónsules en el mes de Marte había poco tiempo para pegarse con otros pueblos y dedicarse al noble arte del saqueo y conquista, así que lo adelantan un poco y, con un poco de suerte y una pizca de habilidad, no pillarían a las legiones los fríos del invierno en mitad de la campaña. Para mí ha sido un buen verano; descansado, relajado, sin grandes pretensiones, disfrutando la ausencia de reloj, el silencio del móvil, las páginas pasando… Un poco bucólico, sí, pero como siempre hay que añadir un poco de pimienta a la existencia, leí un libro que me devolvió a la realidad que viene. Este libro, titulado “¿Por qué nada funciona? Antropología de la vida cotidiana” está escrito por Marvin Harris y se lo recomiendo, porque sirve para entender muchas de las situaciones que estamos viviendo. En concreto les destaco un párrafo “Las grandes compañías se han visto prácticamente desbordadas por una proliferación de MBA celosos de beneficios, adiestrados para ajustar cada operación de modo que se obtengan buenos balances trimestrales y que muestran poco interés en los efectos de sus actividades al cabo de varios años. Para entonces esperan haber sido contratados por otro conglomerado”. Y si sinceramente creo que esto es cierto en la empresa, lo que en otros artículos he denominado el cambio del concepto empresa por el concepto negocio, no es menos real en la actividad política y en la social.-


En este estero en que vivimos, los hombres de Estado se han desvanecido, han sido abducidos, desterrados, escusados u occisos. El caso es que al contrario que las Meigas, haberlos, no haylos. Su lugar ha sido ocupado por una plaga de mediocres, de pusilánimes, cuando no sinvergüenzas, caraduras o inútiles absolutos. Pero eso sí, mediocres, puede, pero listos, un rato largo. Porque la casta política se blinda, se cuida y protege. No les quiero aburrir más de la cuenta, pero hagamos un repasillo de la situación que nos va a tocar vivir. Si han tenido la paciencia de leer el artículo anterior, verán que lo que decía se va cumpliendo. La cúpula del PSOE ha colocado al que consideran que salvaguardará sus poltronas. El PP sigue a lo suyo, autista social, pensando que con vender una recuperación económica que no es tal, revalida el año que viene. Y les digo que no es tal porque este Gobierno no ha tocado ni uno de los lastres que impiden la recuperación; ha estabilizado como en esas viejas películas de submarinos… Capitán nos hundimos, nos hundimos… Capitán, estamos a 500 metros y lo hemos estabilizado… Y ahora, ¿cómo subimos? Pero el capitán, blindado en su despacho no se entera de nada, sólo mindaguea. Si lo único que ha hecho es conseguir que la clase media desaparezca, que los nuevos plebeyos paguemos con los recortes de sanidad y educación la juerga de los chiringuitos bancarios políticos, y sigamos pagando el desmadre autonómico. Y Podemos, subiendo, soplando ya en la nuca al PSOE, mientras los irresponsables de turno, los que han ayudado a que suban, sin duda para desgastar al rival y devolverles las gentilezas del gobierno de ZP, no saben que juegan a aprendices de brujo con nuestro futuro, y que al rival se le vence con hechos y argumentos, no metiendo al zorro en el gallinero. De los sueños de tres irresponsables que sólo ven de cuatro en cuatro años, se levantan las pesadillas en los pueblos. Y de Mas, y no me refiero a esa institución medieval catalana que suponía un trozo de tierra del que colgaban unos campesinos sujetos al poder feudal que tan bien se dio, y que pronto volverá en esa zona del Reino de Aragón, sino al político que o sigue adelante o se ve colgado del palo de mesana por los mismos a los que él sacó a la calle; esta situación se ha pasado tres pueblos y cinco pedanías, así que veremos como lo corrigen. Si el plan del gobierno pasaba por sacar las vergüenzas del que allí llaman honorable, una vez más, este gobierno patinó. Ya ni les hablo de la sociedad española. ¿En qué piensa? Les confieso que es un misterio irresoluble, un arcano que no consigo descifrar. Años de manipulación educativa, bien sea con la táctica nacionalista de inventarse la historia, o la gubernamental de no enseñarla, ni la historia, ni la literatura, ni nada de humanidades, que el objetivo de borregos que produzcan mucho y piensen poco ya está aquí. Y como borregos contestan las encuestas; sólo un 18% de la población defendería a su país de una invasión extranjera. Pero si se diera, ¿creen que van a venir los boy scouts? Que soy el ejército invasor y voy a matar a sus niños, bueno vale, pero que no griten mucho que me duele la cabeza… ¿Ah! Y de paso violo a su mujer, bueno, qué se le va a hacer. Y me llevo sus cosas, bien, pero no se lleve la tele que por er futbo y salsa rosa mato. ¿Pero qué sociedad es ésta que le importa todo tres rábanos, que le importa un pito ya no sólo el vecino sino también el mismo?

Y si por estos páramos que parecen abandonados de Yago, negro lo veo, no digamos del resto del planeta, en donde parece que los Cuatro Jinetes se habían escapado o, mejor dicho, en una versión moderna de Prometeo a lo cutre, los homínidos bípedos que se consideran inteligentes habían asaltado las cuadras del apocalipsis y birlado al Jefe los demonios con los que tan bien nos entendemos. Ya no era la gripe A (o J o H) de cada año, ahora que corra el ébola, y que silben las balas, que esto ya no es una pequeña guerra diseminada (pequeña, claro está para los que la vemos en la tele), sino una antorcha que se propaga en África, en Europa, y en la zona de paso de Asia a Europa, mostrando esta última que nos puede esperar a los que somos seguidores del Islam si seguimos retrocediendo en las creencias y en la defensa de las mismas que han configurado a Occidente como el mayor espacio de libertad que ha existido jamás en la Historia. Del hambre ya ni les cuento, así que campando van la peste, la guerra, el hambre y, como no, la amazona máxima, la Dama del Alba en su aspecto más cruel.-

No, de verdad, no quiero pensar en estas cosas, al menos ahora no. Y haciendo caso de una reflexión que oí en la radio de una oyente de un programa, “No hay que rendirse nunca, pero si hace falta, tome un descanso. Así que me tomo un descanso. Mejor mantener unos meses, si nos dejan, la placidez de agosto. Y si no estoy muy satisfecho del resultado de este blog de hoy, ¡qué quieren que les diga!, prefiero, al igual que nuestro Presidente, sestear.

jueves, 5 de junio de 2014

LUCES, SOMBRAS Y ABISMOS

Han pasado ya las elecciones europeas, estas que no tenían apenas importancia, en la que las habituales vacuidades diseñadas por estrategas de medio pelo intentaban adormecer al sufrido y exprimido ciudadano español. Según les oía, poco todo hay que decirlo, recordaba un párrafo de El miedo a la libertad de Erich Fromm, que decía: “Los métodos de propaganda política tienen sobre el votante el mismo efecto que los de la propaganda comercial sobre el consumidor, ya que tienden a aumentar su sentimiento de insignificancia. La repetición del slogan y la exaltación de factores que nada tienen que ver con las cuestiones discutidas, inutilizan sus capacidades críticas”. ¿Están ustedes de acuerdo? Yo, ¡qué quieren que les diga!, completamente. La casta política, habituada y acostumbrada a reírse del ciudadano, colocan a los más aburridos candidatos, a los elefantes más desgastados, en ese retiro áureo que suponen los escaños europeos, como si fuera un premio por no se sabe muy bien que servicios prestados.. Me dirán que hay excepciones, y convengo en ello con ustedes, pero la norma es aquella, y las elecciones sólo suponen un pulso más en la lucha política nacional, autonómica o municipal, bombardeando una vez más (son incansables al desaliento, oiga), al sufrido contribuyente, al arruinado ciudadano y a cualquier incauto e infeliz habitante de nuestra esquilmada Hispania.

Sin embargo, estos cegatos intelectuales, estos rompetechos políticos, subidos en sus poltronas, viajeros de primera, ausentes de la realidad social, no previeron que estas elecciones eran más, mucho más, que una simple elección a un lejano y desconocido planeta fantástico del que sólo se conocen algunas normas, casi siempre molestas, pocas de sus responsabilidades y muchas de sus prebendas. Y digo fantástico no sólo por los sueldos, qué también, sino por la percepción, correcta o no, de ser una institución que sólo tiene realidad virtual en tanto y cuanto de vez en cuando aparecen en los papeles y poco más. Y mientras en las urnas estaba en juego la valoración de los partidos, la fortaleza de los secesionistas, la salubridad del sistema democrático, estos a por uvas, que mientras sean llevárselas, da igual que estén verdes.

Y así, amanece el día después. Permítanme pues que les haga mi personal valoración. El hundimiento del PP y del PSOE es obvio, aunque ambos partidos han seguido veredillas distintas para encajarlo. Mientras el PP silba en la vía, se pone de perfil, y habla de comunicantes y comunicadores, que igual podría parlar del sexo angelical, el PSOE se apresta a cambiar algo para que no cambie nada, es decir, que los barones de siempre decidan que cambiando a uno todo seguirá igual. Lo cierto es que más de dos millones de votantes de PP se han quedado en casa planchando oreja o haciendo lo que les plazca, porque son conscientes de que lo mismo da unos que otros porque todos van a por la cartera, los del PSOE se han ido al monte a englobar las huestes de la izquierda extrema. Mientras el PP hace su política favorita, es decir, no hacer nada salvo que fuese acogotar a los ciudadanos de clase media y esperar que una ligera mejoría de la economía le haga el milagro de recuperar sus votos, el PSOE se apresta a lo mismo de siempre, hablar de cambio para que no cambie nada.

¿Piensa el PP recuperar esos votos de la clase media cuando la han laminado? ¿Cree que los jubilados, los funcionarios, los profesionales, los pequeños empresarios van a olvidar su gestión? ¿Considera que esa clase media machacada va a volver a confiar en ustedes por miedo a la izquierda? Creo que no… O buscarán otras opciones, presentes o futuras (y miedo me dan las futuras que estén por venir) o se quedarán en su casa haciendo lo que ustedes conocen tan bien, es decir, mirar al tendido sin hacer nada.

Y el PSOE, ¿considera que sin expurgar a fondo las corruptelas, los ERES, los chiringuitos, las baronías, va a recuperar a los votantes huidos? Por más que se escore a la izquierda, por más que diga, por más motos que venda, el engaño a los votantes ya está hecho, el tufillo a corrupción les acompaña, el incienso de poder les cobija, y más de lo mismo los ciudadanos no quieren.-

Las otras fuerzas políticas, salvo los partidos secesionistas que salen fortalecidos y el fenómeno podemos, pinchan también. UPyD toca techo electoral, porque si con la tormenta que padecemos crece tan poco, es obvio que no engancha al votante, que no se decide a ver como alternativa a esa opción, y ya que no es un voto ideológico (para el que aún piense que la ideología aún existe en la política), igual que han venido se irán. VOX no traba el descontento del PP, así que el ciudadano prefiere quedarse en casa haciendo calceta, o lo que les vaga, a cumplir con su deber moral de ejercer el voto; en resumen, tampoco ha sido una opción creíble que ilusione a los votantes cansados de la gestión del PP. Ciudadanos es un reflejo de lo expuesto para las dos anteriores en cuanto a consideración ciudadana, casi podemos hablar de siamés; caen muy bien, como el chico que todas dicen que es muy majo, pero que ve cómo se van al baile con los niños malos. Por último, IU crece a costa del PSOE, evidente, pero con un voto “escala”, es decir, un votante que le ha dado miedo un voto más radical, no por contenido, sino por la incertidumbre de su utilidad; más le valdría repasar la mentalidad de Anguita y alejarse de retóricas frentepopulistas, porque para eso ya hay otro maromo en el corral. Todos estos partidos deben hacer examen, revisar su estrategia, dejar de tocar campanas al vuelo (al menos algunos). Deberían, si me permiten decirlo, reflexionar sobre la deriva del voto, alejar a paniaguados a la espera del pesebre de su órbita y tomar decisiones, no sea que en la marejada que se está creando desaparezcan del mapa político. Y quiero que sepan que lo digo con cariño, porque sinceramente creo que en la mano de estos partidos pequeños y democráticos está gran parte de la solución de los problemas de España, siempre y cuando cambien muchas de sus actitudes y huyan de los modelos ya quemados. Sus estructuras aún no están tan anquilosadas para no poder corregir la deriva.

And the winner is… Ya lo saben ustedes. Gana un movimiento radical que ha lanzado al personal a la calle; gana la intolerancia más extrema; gana la ideología izquierdista más caduca. No es para extrañarse ni para sorprenderse. Más cornadas da el hambre, más duele pagarse los medicamentos para el cáncer, más grave es tener que pedir que abran los colegios en julio y agosto para que haya niños españoles que puedan comer una vez al día, más terrible es ver la corte de corruptos impunes con las cuentas en Suiza y prefiero no seguir para conservar mi estabilidad mental, o la que me queda aún.

Estos resultados evidencian no sólo desafección hacia los partidos políticos, que sería lo de menos. Señalan el hastío, el hartazgo, la ira de los ciudadanos. Si en el anterior artículo les dije que la transición había fallecido con Suarez, estas elecciones me han dado la razón. Los resultados son un ataque directo al sistema político actual que obliga a cambios estructurales inmediatos o al estallido del sistema democrático. Porque o bien se ponen las pilas, enchiqueran a todo chorizo político viviente que pulula por el País, modifican las instituciones para dotarlas de transparencia y eficacia, reducen las cargas fiscales que sólo sirven para blindar sus pesebres, reducen el tamaño del Estado demencial que sufrimos, devuelven la independencia a la Justicia, dejan de repartirse cargos y prebendas, o pueden convertirse en multitud los que ahora se manifiestan llevando a cuestas la bandera tricolor que nace en el cantón cartagenero sublevado contra la legitimidad democrática de la I República (cuyo primer Presidente fue catalán, paradojas de la historia española). Y si en la sede de los partidos piensan que el miedo traerá las ovejas de nuevo a su redil, yerran, porque la más leve brisa puede tumbar su cortijo de adobe. Quizás no sería malo que esta casta dejara de leer libros sobre como enriquecerse a costa de los demás y miraran algo libro de historia, y comprendieran que cuando se empobrece al ciudadano, cuando se restringen los derechos, cuando se ejerce de casta, cuando los problemas se pudren sin resolverse no sea que los privilegios se pierdan, se suele terminar mal, muy mal, y, a veces, en regímenes totalitarios de derecha o izquierda, o en una sucesión de ambos. Someta usted a la población a un shock prolongado como el que estamos viviendo, permita que se haga con la nación española un experimento de restricción de derechos, y puede encontrarse con que la apatía de unos formen una yunta con la indignación de otros.

Ahora elijan. O lo arreglan o serán culpables del estallido. El aviso ya está dado y si no hacen caso, recaiga sobre ustedes los efectos de su irresponsabilidad.

miércoles, 14 de mayo de 2014

LA TRANSICIÓN

Ya se han apagado los pabilos que iluminaban los varios funerales del primer Presidente de Gobierno de la democracia. Entre tanto hipócrita y mendaz penitente que se paseaban por las cada vez más censuradas emisoras de televisión, peregrinaje masivo del que uno ya no sabía en donde refugiarse, recordaba mi niñez y me vino a la mente un párrafo de Memorias de un francotirador en Stalingrado (de Vasili Záitsev) que decía “¡Qué poderosas pueden ser la fe y la confianza! Cuando nadie te cree, el alma se te seca, pierdes la fuerza y te conviertes en un pájaro con las alas rotas. Pero cuando la gente confía en ti, te vuelves capaz de cosas que jamás habrías soñado”.

            No les voy a mentir diciendo que conocía a Adolfo Suarez, ni que tengo referencias fiables de sus conductas, motivaciones o justificaciones. Eso lo dejo a sus conocidos y también a la cohorte de miserables que junto a las doce escuadras salen de sus nidos fétidos cuando hay óbitos, para situarse en la primera línea del velatorio y tratar de medrar un poco más a costa del finado. No, tan sólo mantengo nítidos recuerdos de mi adolescencia en los que una parte importante es todo el proceso de la transición, interrumpido en el nunca esclarecido 23 de febrero de 1981, que al igual que los otros dos agujeros en la historia reciente española (el asesinato de Carrero Blanco y el 11 de marzo), probablemente hayan condicionado más el futuro de la Nación de lo que podemos intuir. Así que poco tendría que aportar en un país normal, si no fuera porque por estos páramos pocos españolitos menores del medio siglo conocen aquel periodo. Yerro aquí gravemente, porque no conocen ni ese periodo ni ningún otro; a fin de cuentas, si como decía Huntington “una nación es una `comunidad recordada´, es decir, una comunidad con una memoria histórica de sí misma”, el máximo objetivo de los políticos de uno y otro signo ha sido que las nuevas generaciones sean parias en su tierra, asilados del mundo sin patria ni bandera, ovejas mansas al matadero de sus intereses, de sus corruptelas, en definitiva, de sus carteras.

            De aquella época recuerdo unos años convulsos; aunque los cambios estaban ya iniciándose en la mente de todos los españoles, llevarlos a la práctica parecía imposible. Una mezcolanza de normas y situaciones de distintas procedencias e ideologías hacían muy complicado el cambio de sistema. Una sociedad en la que los maridos podían disponer de los bienes de sus esposas sin su conocimiento a través de la figura del consentimiento presunto, en la que aún campaba la brigada de lo social persiguiendo a izquierdistas mientras hasta en las tascas se hablaba abiertamente de política, una sociedad en la que el consumo de drogas no estaba penado (la doctrina del Tribunal Supremo establecía que el consumo de drogas era una autolesión y que las autolesiones no estaban penadas por la Ley) pero en la que la gente se iba a Francia a jugar al casino, comprar libros prohibidos o ver alguna película subida de tono, algunas de las cuales eran más inocentes de las que se pueden ver en horario juvenil hoy en día. Una sociedad en la que las personas rezaban el rosario delante de los cines donde se proyectaba Jesucristo Superstar pero que también pregonaba el amor libre en las universidades. Una educación bastante mejor que la presente, con mejor formación y preparación, pero en la que aún quedaban resquicios dogmáticos. Y por si esos contrastes fueran insuficientes, una crisis económica galopante, consecuencia de no haber tomado medidas serias a principios de los años 70, paro en ascenso, delincuencia en las calles con los bardeos, recortadas y similares brillando a la luz de las farolas, los picos a todas horas, el talego lleno y los terroristas, como no, asesinando.

            Pero también recuerdo la esperanza, la convicción de todos los españoles en que, por fin, éramos ciudadanos dueños de nuestro futuro. Los ciudadanos soñaban con un futuro mejor, creían que se podía hacer, y se hizo. Por una vez, parecía que se iba a romper la eterna división entre españoles, casta, tontos útiles y chusma. Ilusión que empezó a agonizar con la corrupción iniciada a partir de los gobiernos de Felipe Gonzalez.

            Y la verdad es que en ese sueño tenía un papel protagonista Adolfo Suarez. No pretendo que salga a relucir la “hora de las alabanzas”, ni hacer un panegírico para el que no tengo datos. Pero no se me olvida el desgaste de tanto asesinato terrorista, las críticas de la oposición en las que se hablaba de todo menos de política  (de todas, incluyendo a la ahora olvidada AP), ni tampoco la convicción que teníamos de la ausencia del engaño sistemático a la ciudadanía, la creencia en el cumplimiento de las promesas electorales (el famoso “puedo prometer y prometo”)  y en una gestión honesta. Como ustedes verán, exactamente lo contrario de lo que estilan hoy nuestros politiquillos de tres al cuarto, estos chisgarabises de la casta que mienten, falsean, se corrompen y nos roban. Y por eso los ciudadanos, las personas honestas, guardan un buen recuerdo del primer presidente de la democracia española.

            La transición tuvo muchos errores, muchos fallos, pero no me parece justo imputarlo a aquellos años. Han sido los mediocres que han venido después los que no han querido (o sabido) corregirlos. Demasiado ocupados como estaban (y están), en mantener su pesebre, los tontos útiles y la chusma importamos muy poco. Y quizás no les falte razón, porque se acercan unas elecciones en la que los ciudadanos pueden castigar a los dos elefantes del poder, votando a partidos pequeños (que los hay de todo color e ideología oiga) o, al que su estómago no se lo permita, no refrendando con su voto las mentiras y corruptelas de estos dos zotes de la política. Piensen que, a fin de cuentas, los que van a seguir mandando son los alemanes, que son los que suelta parte de la guita (nosotros la otra) con la que mantienen estos getas sus prebendas.

            Así que con su muerte, creo que acaban definitivamente los sueños de aquella sociedad de finales de los 70, que se entierra la libertad y la democracia en España, porque muerto uno de los referentes de la transición, aquí sólo queda ya un guiñapo con el que nos van a seguir engañando, y nosotros, como tontos, tragando.


            Por todo ello, al igual que decían nuestros antepasados romanos, Sr. Presidente, mi mejor deseo es sit tibi terra levis (que la tierra te sea ligera).

martes, 22 de abril de 2014

EVOLUCION E INVOLUCION

 Ha llegado Semana Santa y con ella la primavera. Puede que les parezca muy previsible, pero para mí es un buen momento para reflexionar sobre la vida y la muerte; en esas estaba, leyendo el libro El Legado de Darwin, Qué significa hoy la evolución, de John Dupré, y un párrafo ya leído volvía una y otra vez como una tonadilla pegadiza que nos vuelve a la memoria insistentemente; el párrafo en cuestión dice así: “Pero para invalidar por completo el argumento del diseño sólo debemos señalar que la evolución proporciona una explicación muchísimo mejor que recurrir, de manera totalmente vaga, a un creador del que no se sabe nada en absoluto”. Las consecuencias causales que implican, de admitir esta premisa, arrojan una sombra sobre el futuro que nos espera. El autor, y toda una escuela que le acompaña, no sólo científica sino también ideológica,  no llevan hasta sus últimas consecuencias sus propios argumentos, pero espero me permitan reflexionar con ustedes sobre lo que entiendo serían las únicas conclusiones finales posibles de su argumento. Quiero aclararles, para no llevar a error a ningún paciente lector, que no comparto ni sus planteamientos ni sus conclusiones, que tampoco tengo ningún problema con la Teoría de la Evolución y que, por mi parte, no siento ningún complejo por estar emparentado con el resto de la Creación, pensando, como pienso, que la vida que nos rodea es un milagro que pocas veces valoramos. Pero no se trata de que les hable de mis creencias, que entiendo que poco les interesan, sino más bien de una interpretación de la Vida que nos da una explicación nítida de la crisis que nos asfixia, máxime si unimos esos planteamientos a un sistema económico desbocado e inhumano.
                                                                                                    
Para llevar al final su planteamiento, asumo, al menos temporalmente, como verdad la hipótesis y todas sus argumentaciones, que ya saben ustedes que el pulpo es un maravilloso animal de compañía. Así, síganme si les place en su premisa y veamos adónde nos llevan. Para ello, creamos que la vida se inicia por una serie de reacciones químicas, en una salsa primigenia, una mahonesa de partículas químicas que aparecen no se sabe cómo ni de dónde, y, que en un momento determinado, por esta causa tan científica que supone el puro azar, a base de combinarse y recombinarse, provocan la vida; en resumen, que usted, su gato y el dinosaurio que ha visto en el cine es producto del capricho de una pizca de carbono, un chorrito de oxígeno, un poco de fuego, y queda el bicho rico, rico, rico. Y una vez cocinada la vida, la ley de la evolución actúa desde ese momento de forma inexorable favoreciendo a los seres que mejor se adaptan a su entorno, en una lucha implacable por la supervivencia. Siguiendo esta línea, sin otra explicación, convendrá conmigo en que toda la evolución es exclusivamente una adaptación al medio, y que todo, absolutamente todo, el desarrollo de los seres vivos, es un puro instrumento para garantizar esa supervivencia y adaptación. Pero por favor, no juegue al regate que suelen utilizar; cuando hablan de todo el desarrollo no piense sólo en las alas de un pájaro, en la postura erguida del humano, o en el cuello de la jirafa. Así que, más que nos pese, tendremos que hablar también de los desarrollos cognitivos y emocionales de los seres vivos.

Y si seguimos en esta línea, no tengo más remedio que concluir que toda creación mental sólo es un instrumento más para garantizar la adaptación y la supervivencia, un mero producto químico, una salsa tártara de sinapsis y oligoelementos. Como no pretendo dispersarme demasiado, para continuar con la reflexión, pensemos sólo en el animal humano. Si sólo hay una evolución basada en la materia física, si todos los procesos son una mera adaptación al medio tendente a la supervivencia del individuo y de la especie, estará conmigo en que los elementos inmateriales sólo son creaciones fácticas tendentes a este fin. Así, todas las construcciones mentales inmateriales no pueden tener ninguna referencia ajena a esa propia evolución. No vale sacar lo inmaterial por la puerta y querer imponer unos valores como absolutos metiéndolos por la  ventana, so pena que hagamos la pirueta de pensar que un gazpacho de productos químicos van a provocar unos valores inmutables y eternos. Llegados a este punto, olvídense de los principios que ustedes se creen. No existe lo bueno y lo malo, salvo que entiendan que lo bueno es lo que garantiza la adaptación y la supervivencia, y lo malo lo que la perjudica. La honradez, el honor, la dignidad, la libertad, la justicia, la solidaridad, el amor, la equidad, la justicia, la búsqueda de la verdad, y tantas concepciones y creencias, no tendrían sentido alguno. No existe bondad ni maldad, sólo mera supervivencia y adaptación. El asesino, el corrupto, el ladrón, el mentiroso, sólo trata de mejorar sus posibilidades de supervivencia; y eso a nivel individual. A nivel de subespecie, sería igual un régimen genocida que uno respetuoso con los derechos humanos, porque le recuerdo que ya no hay conceptos ni valores inmateriales, no hay referentes ajenos, salvo que los busque en un revoltillo del “cheminova”. La moralidad y la inmoralidad mueren para dar paso a un fango de amoralidad  en la que prima el interés individual y el colectivo de determinados grupos sobre otros. El materialismo puede campar a sus anchas porque no hay más ley que la supervivencia.

Y en el terreno económico, la supervivencia y la mejora de las expectativas de cualquier interés serían buenas, porque sólo primaría el beneficio que mejora las posibilidades de enriquecimiento y, por lo tanto, de supervivencia. ¿Una estafa de preferentes?, ¿un desahucio ilegítimo?, ¿un ERE para incrementar una ya abultada cuenta de resultados?, ¿el trabajo infantil y explotado?, consecuencias de la supervivencia en la que ya no queda ni el reproche moral porque les recuerdo que esa moral sólo sería un concepto relativo y material.


No, yo no puedo aceptarlo, ni creo que Mr. Darwin lo entendiera así, pero, ¿no se estremecen al pensar que hay quien ha tomado esta  filosofía y la hace ya su norma de conducta? ¿No creen que la pérdida de referentes morales, y por lo tanto inmateriales, nos está haciendo regresar ya a la caverna sin reflejo?

martes, 18 de marzo de 2014

SI VIS PACEM...

Huroneando en una librería hace un par de semanas  me encontré con un ensayo titulado “Vacas, cerdos, guerras y brujas” de Marvin Harris, y comprenderán que, con semejante título, no me resistiera ni medio segundo a comprarlo. Y casualidades del Destino, según oía la invasión rusa de un trozo de territorio ucraniano, leía un párrafo del mismo que dice así “El estudio de la guerra primitiva nos lleva a la conclusión de que la guerra ha formado parte de una estrategia adaptativa vinculada a condiciones tecnológicas, demográficas y ecológicas específicas”. Supongo que ustedes se preguntarán que de qué guerra hablo, porque no hay guerra alguna en Ucrania. No, aún no, es cierto, pero la hubo, y me gustaría compartir con ustedes unas reflexiones.-

          Pasada la mitad del siglo XIX, cuando las guerras napoleónicas eran un recuerdo  aún cercano, Europa se configuraba en torno a cinco grandes potencias: Gran Bretaña, Francia, el Imperio Austriaco (nunca he entendido por qué le llamaban Austrohúngaro), el Imperio Ruso y el Imperio Turco. Turquía había sido una lanza clavada en el corazón de Europa durante muchos siglos, y de eso podrían dar fe nuestros antepasados que se fajaron durante siglos en las aguas del Mediterráneo. A lo que aquí ha lugar, la tensión y la lucha eran constantes, con los altibajos, pactos y treguas propias de la época, en el centro y este de Europa. Turquía era un problema para casi todos los europeos desde la caída de Constantinopla, y la guerra al turco fue larga y dura. Pero a mediados del siglo XIX el Imperio Turco se encontraba en fase de descomposición, básicamente por su falta de adaptación a los cambios técnicos, económicos, filosóficos y políticos. Dos imperios continentales, Austria y Rusia, se expandían a costa de la reconquista al sarraceno, liberando a veces, aplastando otras, pero siempre sojuzgando naciones (las de verdad, no las inventadas por nuestros muy enajenados hispánicos nacionalseparatistas). Rusia se encontraba en una fase expansiva buscando la salida al mar Mediterráneo y la creación de un territorio interpuesto que pudiera absorber agresiones en su zona sur. ¿Han mirado ustedes un mapa de esa zona con cierto interés?  Rusia es una planicie, una pista de carreras en donde el invasor sólo corre contra el tiempo y el espacio. Las salidas marítimas del norte son complicadas por el propio clima, difíciles por la orografía y costosas por el tiempo.-


El Zar consideró su obligación liberar Europa de los turcos, expandir su territorio y conseguir esa anhelada salida a nuestro mar; lo trágico de aquellos hechos es su creencia de que actuaba con la complacencia de las distintas naciones europeas. Y la guerra estalló, pero no sólo frente al turco, también  se encontró en guerra con Francia e Inglaterra que no querían ver a un ruso paseando por el Mediterráneo, y la neutralidad agresiva de su hasta hace poco aliada, Austria, que temía una sublevación de las distintas nacionalidades que configuraban su imperio, muchas de ellas de origen eslavo. Una guerra casi desconocida en España, que seguimos pensando que nuestro ombligo es el eje del Universo, pero aunque todavía era del siglo XIX, ya tenía elementos del siglo XX y avanzaba los horrores de la I Guerra Mundial. Franceses, ingleses y turcos atacaron en Crimea, porque esa es la llave que estrangula la salida al Mar Negro, y, por lo tanto, al Mediterráneo. Rusia perdió, es cierto, pero en la mentalidad rusa quedó grabada una profunda desconfianza hacia occidente, la imperiosa necesidad de crear satélites a su alrededor, la consideración de que la fuerza es elemento intrínseco de la política, que el poder se ejerce, y que los pactos siempre son transitorios.-

Las dos Guerras Mundiales, las políticas raciales nazis, las purgas estalinistas, los tratados de Versalles, Trianon, Yalta, Postdam, entre otros, dejaron un reguero de limpiezas étnicas y un mosaico de problemas de nacionalidades en toda Europa. Minorías nacionales se encontraron en estados extraños, en ocasiones perseguidas, en otras en pacífica convivencia, pero estuvieron adormecidas durante cuarenta años bajo las orugas de los tanques soviéticos. Rusia había cumplido entonces su sueño. Un mosaico de estados muelle garantizaba su tranquilidad, la salida al Mediterráneo y profundidad en operaciones, además de graneros forzosos, fábricas obligadas y mano de obra movible.-

Pero como la historia no es estática, sino que forma un torrente de vidas, pensamientos y hechos, los muros se agrietan, los imperios caen, y las aberraciones políticas se desmoronan. Pero tras muchos siglos desde el Imperio Romano, parecía que había una estructura política que permitiría superar los nacionalismos que ensangrentaron una y otra vez Europa. Un proyecto de Estado Europeo, apenas un boceto, un gigante económico y una pulga militar, pero sí una base que podría cambiar la historia. Pero las viejas alianzas volvieron a renacer, la segregación de Yugoeslavia por el interés germano, amiguete de tiempos ha de croatas, el bombardeo a Serbia, eslavos y aliados históricos rusos. Los viejos intereses alemanes, su espacio vital, su Reich, militar o económico, la desconfianza francesa, la política egoísta británica, volvieron a descomponer el mapa europeo. Y los rusos ven perder su colchón de estados, renace su paranoia, sus pesadillas despiertan, los kilómetros disminuyen y los enemigos, reales o imaginarios, los ven en las puertas… Y por primera vez, desde la II Guerra Mundial, en nuestra Europa un estado invade otro y segrega una parte de su territorio. Quizás sea mis pesadillas, pero, ¿no ven el riesgo?; de verdad, ¿no comprenden que el engranaje diabólico del XIX se ha puesto en marcha?, ¿no comprenden que se ha abierto la veda a las reivindicaciones nacionalistas en todo el avispero centroeuropeo?, ¿pueden dejar de mirar la famosilla de turno o alienarse con las noticias precocinadas televisivas y pensar que quizás se ha encendido una mecha que no sabremos cómo parar? Si ustedes piensan que no nos afecta, están muy equivocados. El mundo ya es muy pequeño para aislacionistas y miopes… Y frente a eso, veremos el listado de frases estereotipadas, las vestiduras hipócritamente rasgadas, los sepulcros blanqueados, y al final, los hechos forzados por las armas.

            Con las palanganas ya sucias de tanto lavado de manos, los oídos empalagados de tantos grandes principios vacíos de contenido efectivo, el hastío ante la indiferencia suicida, una vocecilla susurra si serán estos nuestros Sudetes.