martes, 5 de enero de 2016

COBARDES Y MISERABLES

Es noche de Reyes y la verdad no me gusta hablar de malquistos. Es una noche mágica en la que los que aún conservamos vivo al niño que fuimos, nos gusta cerrar los ojos, oír los pasos sigilosos, los brindis callados, oler la magia de los sueños, cerrar los ojos y sentir a los pajes, y quizás recordar aquella noche de hace ya muchos años en que nos deslizamos furtivos y al abrir la puerta del salón, en la que atisbábamos sombras, nos encontramos una habitación vacía con un extraño resplandor.

            Quizás para otros, que ya han callado a ese niño que fueron, disfruten de la noche en la mirada de algún niño, sea suyo o no, y vuelvan a intuir la magia de los Reyes.

            Es una fiesta especial, una celebración de la ilusión, un homenaje a tres Magos que hace dos milenios atravesaron miles de leguas siguiendo a una estrella. De aquel hecho nace una noche de ilusión para los niños, de magia para los adultos, y ni siquiera los ataques furibundos del consumismo más descarnado en forma de multinacionales que disfrazan a otro personaje entrañable en otros lares con la divisa de una marca de cola, o el enganche de grandes almacenes, o los anuncios de colonias que prometen que vuelve el hombre o la mujer (como si el resto del año estuvieran por uvas) han conseguido desbaratarlo.

            Pero este año, la magia está en peligro. Después de once años de franquismo y de cuarenta de democracia, con gobiernos de centro, de izquierda y de derecha, es la primera vez que recuerdo de mi vida en que la magia se empaña con el sabor agrio del asco ante tanto estafermo y botarate. Y me viene a mi cabeza un párrafo del Capitán Alastrite, de Arturo Perez Reverte, puesto en boca de Quevedo que dice así “Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia -dijo lentamente y al hacerlo parecía mirar su reflejo en la superficie del vino- Que es como decir contra España y contra todo”; y aunque las circunstancias de la novela son otras, tengo que reconocer que no me queda más que batirme ante esta pandilla de cobardes y miserables que han desembarcado en instituciones españolas que pagamos con nuestros impuestos.

            Sí cobardes, pusilánimes, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgada. Porque ustedes estarán conmigo en que si alguien no cree en la celebración de esta noche puede hacer dos cosas honestas, o respetar la ilusión, la creencia, la magia, el brillo de la mirada de los niños y la complicidad de los demás, postura honesta en una sociedad democrática o tener las agallas y el coraje de no hacer celebración alguna, de impedir en esos ayuntamientos que gobiernan cualquier cabalgata, cualquier imagen que traiga a los niños un poco de ilusión. Pero estos materialistas de mierda, peores que cualquier yupie envarado en sus gráficas de ventas, destrozan las creencias ajenas, pisotean el sueño y la ilusión, machacan la magia, la convierten en bazofia al paso de brujas repulsivas en vez de Magos. Esta es una sociedad libre en la que se respetan diferentes formas de ver la vida, se toleran actitudes por mucho que no se compartan, siempre que las mismas estén acordes con nuestros principios constitucionales. ¿Quién coño se creen ustedes para destrozar mi ilusión y la de mis hijos? ¿Pero de dónde narices se han sacado la estúpida idea de que lo suyo es una verdad absoluta? ¿Qué clase de mindunguis son ustedes?

            Y miserables, ruines o canallas, personas despreciables y de malos procederes, que destrozan la ilusión de los niños, que los utilizan para adoctrinarlos en sus complejos, en sus mezquindades, en su mundo vacuo. Son gentuza que utilizan a los niños, que generan tarados para el futuro, y sólo para demostrar a sus padres que un mundo mísero, material y mendaz acaba de llegar.

            Ustedes no vienen a regenerar, vienen a demoler, no vienen a limpiar, vienen a entronizar sus mentes acomplejadas y miserables, vienen a que el resto de los ciudadanos comulguemos con sus ruedas de molino, con su doctrina, con su sectarismo y su intolerancia.


            Así que no queda sino batirse… Y les recomiendo, donde haya un esperpento de cabalgata, no vayan, acudan a otras, que con independencia del color político de quien gobierne, seguro que hay gente de bien que aún sabe lo que es el respeto, que sabe que con la ilusión de los niños no se juega, y que aunque no crea en la noche mágica, seguro que esbozará una sonrisa al ver la sonrisa de un niño.

jueves, 24 de diciembre de 2015

NAVIDAD, MAGICA NAVIDAD

Ha vuelto la Navidad. Una Navidad con luna llena, una Navidad en la que volveremos a desear paz y felicidad a los que apreciamos, unas fechas en las que volveremos a añorar a los que se fueron… Pero la Navidad es una época de esperanza y, según pensaba en ello, apareció en mis recuerdos Canción de Navidad, de Charles Dickens y quiero compartir con ustedes un párrafo. Dice así “Honraré a la Navidad en mi corazón e intentaré mantener su espíritu todo el año. Viviré en el pasado, en el presente y en el futuro. Los tres espíritus actuarán dentro de mí. No cerraré la puerta a las lecciones que me han enseñado”.

La verdad es que todos tenemos un poco de Scrooge, excepto cuando se acercan estas fechas y como Gray (el del retrato, no piensen en novelas infumables) queremos dar una imagen amable y de bondad, en resumen, unos auténticos mandrias que somos incapaces de hacer algo en pro de lo que creemos y jipiamos desconsolados por todo lo de malo e injusto que hay en el mundo, especialmente todo lo malo y perverso que nos afecta directamente.-

            Para los que no son creyentes, la Navidad supone una época para manifestar esos valores que han ido empapando nuestra civilización y que muestran un mundo mejor, paz, alegría, felicidad, esperanza. Para los que creemos, supone además una promesa de trascendencia, la celebración de la llegada al mundo de un niño, que al igual que en los belenes infantiles, se le acercan todos los seres vivos reconociendo a su Creador. Pero en este blog quisiera remarcar esos valores que compartimos y que me hace preguntarme la causa de que seamos incapaces de amover esa forma de ser que hace a este mundo tan inhóspito, tan cruel, tan egoísta. -

            No les digo a que cojamos la adarga y la tizona y nos lancemos a los caminos a  desfacer entuertos, pero miren ustedes, quizás todo sea más sencillo, más fácil. ¿Tan difícil es enseñar a los más jóvenes, con nuestro ejemplo, que toda vida es única, valiosa y necesaria? ¿Tan complicado es dejar de comportarnos como gentuza y garrulos con las personas de nuestro entorno? ¿Tan imposible nos resulta ser más tolerante conduciendo, en el trabajo, en resumen, en nuestra vida diaria? ¿Acaso no tenemos vida si no perdemos es complejo de perdedores si no pisoteamos cabezas ajenas? Sinceramente no sé qué nos pasa; en dos días pasamos de ser adalides de la bondad, de la justicia y de la amistad a convertirnos es absolutos cernícalos con cualquiera que no esté girando en nuestro ombligo. ¿Acaso necesitamos la visita de los tres espectros para ver lo triste de nuestra conducta y abalear los valores que nos hacen mejores de las conductas que nos convierten en seres grises y ruines?.-


            Hoy quiero desear a la buena gente (de la gentuza paso) Feliz Navidad, que la luz de la estrella  ilumine su vida y sus corazones, y que el año que viene seamos un poco mejores, sólo un poco, y por supuesto, que sea mejor que el que nos deja.

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿QUÉ PASA CON LA IZQUIERDA ESPAÑOLA?

Hace tiempo que la política me provoca un prurito insoportable. Es más, los sufridores que siguen este blog saben que ya me he refugiado en la historia aunque sólo sea para ahorrarme el suplicio de ver a esta caterva política haciendo el ganso en estudios televisivos, saltando, bailando, diciendo memeces y pareciendo más feriantes de aldeas innominadas que estadistas que van a regir nuestro futuro. Y en esas estaba cuando un párrafo del libro que ha caído en mis manos, me trajo a un molesto presente. El libro en cuestión es “España frente a los judíos: Sefarad” de Cesar Vidal y el párrafo decía “Con las tropas musulmanas ya a este lado del estrecho y un primer ejército godo derrotado, los hijos de Witiza descubrieron que aquellos a los que habían llamado no iban a limitarse a ser dóciles instrumentos”. –

            Aunque el libro trata de los encuentros y desencuentros de los judíos en la historia de España, reconciliación que en mi modesta opinión vino de la mano de Sanz de Brie y otro héroes anónimos para la inmensa mayoría de los españolitos en forma de funcionarios civiles españoles en la II Guerra Mundial, el párrafo que les he ofrecido trata del fin de la era postromana y la entrada en la Edad Media; lo sé, según lo que nos enseñaron en la escuela, el inicio de la Edad Media se data en el siglo V, pero dado que este es mi blog, y que soy libre para plasmar aquí mis ideas, espero que me permitan mantener mi idea que basa la entrada en la Edad Media en el siglo VIII, más concretamente, en el año 711.-

            Las sociedades no se diferencian mucho de los individuos. Llevamos nuestra mochila, arrastramos nuestro pasado, con sus luces y sus sombras. Y en cada presente, el futuro nos muestra una serie de líneas posibles. Somos nosotros los que elegimos esa línea de posibilidades, pero las elecciones que hacemos obviando nuestra mochila siempre estarán condenadas al fracaso, porque partimos de continuidades históricas, de evoluciones desde nuestro pasado a nuestro presente. Reconózcanlo, aquellas elecciones que han hecho olvidando sus antecedentes vitales, lo que les ha llevado al presente, siempre salen mal. Nosotros elegimos nuestro futuro, el que sea, o mejor dicho, la tendencia de nuestro futuro, que la vida ya nos sorprenderá para bien o para mal, pero si olvidamos nuestro pasado, la línea de futuro se dispersa, se nubla, nos lleva a un camino de sombras, quizás festivas, quizás aparentemente gozosas, pero que probablemente traerán una pesadilla después de las luces iniciales. -

            En el siglo VIII, los hijos de Witiza, atentos sólo a su interés, digamos en lenguaje de  hoy político, prefirieron olvidar el pasado, renunciar  a la herencia hispanorromana, romper el futuro que podría haber hecho de Hispania la primera potencia de Occidente y sumergir a nuestros antepasados en una era obscura, siniestra, con sus luces, es cierto, pero caracterizada por la desigualdad, la discriminación, la sangre y la humillación no sólo de los hispanorromanos sino de aquellos cobardes que se unieron gozosos a los invasores. Por favor, olvídense de las memeces que les han contado… El Islam en Hispania fue una época de opresión, un desastre que ustedes no pueden ni imaginar. Cabezas colgadas de las murallas, violaciones, saqueos, y el mayor mercado de esclavos del mundo. El esplendor, las luces, sólo fueron aquello que los invasores encontraron de los antiguos romanos… Que no les timen con una pretendida Al-Andalus tolerante, respetuosa y pacífica, que estos chamarileros no les vendan más motos….

            Y en esas estamos cuando veo y oigo las sandeces de los partidos de izquierda españoles. Verán, nos han acostumbrado a una serie de chorradas y les aprehendemos como normales. Pues no, verán, no es normal. Aunque no sea políticamente correcto, quiero recordar una frase de un familiar que decía a sus hijos, cuando empezaban las bobadas de la pubertad, una frase que casi se ha convertido en norma de conducta. “Mariconadas las justas”, decía, y, qué quieren que les diga, ahora, a mis cincuenta tacos, lo suscribo.-

            La continuidad histórica de la que les hablaba antes nos hace a todos, o casi todos, hijos de la revolución liberal y también, como no, hijos de la época de la revolución, con un contenido marcadamente de izquierdas. Vivimos en una sociedad occidental con un devenir histórico complejo, turbulento y rico en valores. Si usted pregunta a un paisano cualquiera, la mayoría de ellos estarán de acuerdo en asumir los principios liberales y, a la vez, principios sociales. El votante de izquierdas se hace actor secundario de la hora de la marmota (gran película pardiez) en la que viven los partidos de izquierdas, para ser cómplice de tonterías, mentiras y planteamientos suicidas; porque miren ustedes, en vez de encontrarnos a unos partidos de izquierdas en los que primen propuestas de carácter básicamente económico relativo a la redistribución de riqueza, carga fiscal, protección social y gasto público, típicas de partidos de izquierda de los países occidentales, y que permiten que en función de la situación de los ciudadanos estos voten unas propuestas u otras de signo contrario, en España parece que están sufriendo una especie de crisis de los cuarenta años con conductas adolescentes e irresponsables.-

            Así, las actitudes más significativas, las que mayor importancia parecen tener para solicitar el voto tienen varias patas, a saber, el ataque permanente al cristianismo, la demonización de la idea de la Nación Española y la permanente vuelta al año 1936, y todo aquel que les contradiga, como hacen los púberes malcriados, será insultado, vilipendiado y marcado con el sambenito de facha o retrógrado, con independencia de lo que piense o crea en otras materias. Pues miren, a mi ya me trae al pairo…

            Espero que perdonen que este artículo se extienda, y si ya han llegado hasta aquí alabo su paciencia y tolerancia, pero creo que debo (a mí mismo al menos) justificar lo que planteo.

            La izquierda española (y hablo de partidos, no de sus votantes) se caracteriza por una actitud hostil hacia el cristianismo. La alcaldesa de Barcelona dice celebrar el solsticio de invierno, con lo que me planteo si sabe el carácter espiritual de esta fiesta y si quiere que bailemos alrededor de un roble rezando a los dioses celtas o la alcaldesa de Madrid pretende inicialmente retirar los belenes para luego poner uno chiquitito y hablar de fiestas multiculturales y a la vez desear paz, ¿paz? Si usted elimina el componente cristiano, ¿por qué en esta época va a desear especialmente paz?. Otros pretenden prohibir las procesiones de Semana Santa y lo más grave que he visto, en las redes sociales, una persona de izquierdas llama a un sacerdote pederasta, sólo por el hecho de ser sacerdote, y acto seguido hablar de los musulmanes como hermanos, cuando en el Islam no hay ningún problema en casarse con una niña de 12 años. Lo ´se, claro que hay sacerdotes pederastas, pero ni la túnica hace al monje, ni la toga al jurista ni el uniforme al militar. En cualquier organización hay gentuza, pero con independencia de los casos que haya (y que deben ser condenados y castigados con extrema dureza), ¿acaso el mensaje cristiano apoya la pederastia?.

Todo como verán muy coherente. Pues creo que va siendo hora de situarse. España, les guste o no, es un país occidental, que bebe de fuentes grecorromanas y cristianas. Eso es así, y eso ha formado a las sociedades occidentales. Guste o no guste la religión es un componente básico de la civilización, con independencia de que se crea o no. Y la sociedad española del siglo XXI no pretende un Estado confesional ni una intromisión religiosa en las normas civiles. El que sea creyente, al igual que el que no lo sea, votará en función de su conciencia, y ya está. Pero no se puede eliminar del propio sistema cultural, de lo que nos hace ser como somos, de uno de los pilares de nuestra civilización el hecho religioso cristiano, porque miren ustedes, la multiculturalidad no existe, es incompatible la civilización occidental con la musulmana, y lo más que se les puede permitir es una existencia respetada siempre y cuando acaten y respeten los propios principios. Las sociedades multiculturales terminan como la antigua Yugoeslavia, donde el conflicto entre ortodoxos, católicos y musulmanes generó un río de sangre de extraordinaria dureza. Si ustedes pretenden eliminar el hecho cultural cristiano por el multiculturalismo, lo que al final van a conseguir es plantear quien manda, si un sistema cultural islámico o un sistema cultural occidental.


De igual manera, la izquierda española parece sufrir erisipela cuando se habla de Nación Española. Parece que lo progre, lo que mola, es hablar de naciones discutibles y discutidas. Se habla de bandera franquista, cuando nace en el siglo XVIII con claros antecedentes de la marina comercial española de la Edad Media, se tolera el silbido al Himno Nacional, y toda una serie de comportamientos que parece que estén acomplejados de la propia Nación. Y sinceramente, me sorprende, porque si algo ha caracterizado a los movimientos de izquierdas en el resto del mundo, es la afirmación de la propia identidad nacional. No les voy a aburrir con ejemplos que van desde la Revolución Francesa hasta la denominada por Stalin la gran guerra patria, pero aquí, en la piel de toro, parece que el objetivo es la destrucción sistemática de la idea de la Nación Española. Y, ¿qué pretenden?, ¿la tribu?. Claro, será para bailar alrededor del roble…

Y la tercera es la vuelta, como la burra al trigo, al guerracivilismo. Miren ustedes, Franco, al menos para mí, igual que la conducta de los partidos de izquierdas y los de derechas antes, durante y después de la Guerra Civil es una cuestión histórica, superada por el tiempo y por la Constitución de 1978. De aquel desastre de la sociedad española debemos de aprender a no repetir errores, especialmente el enfrentamiento por ideologías, y ese error, precisamente ese, es el que pretenden repetir. Miren, los problemas en la España de hoy son problemas de futuro, no del pasado. La reconciliación costó, fue dura, y supuso el sacrificio de muchos implicados, de un signo y de otro, así que, en su nombre, por su esfuerzo en perdonar y aceptar, por la nobleza y gallardía que mostraron, por el ejemplo que dieron a las generaciones que veníamos después, dejen de abrir viejas heridas.



Quizás los nuevos partidos de corte más socialdemócrata europeo, como puede ser UPyD o Ciudadanos, metan debajo del quillango estas majaderías, porque de seguir en estas actitudes, al igual que los hijos de Witiza, serán causantes de un desastre nacional.  ¿Y la derecha?, se preguntarán ustedes… Bueno, eso toca en el siguiente blog.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA GUERRA CIVIL QUE HAY QUE GANAR

No, no se agobien; no les pienso hablar de bombas, tiros y armas. Tampoco me quiero centrar en el islam y sus relaciones con occidente, porque de eso ya he escrito suficiente, les he aburrido bastante, y hay que dejar sitio para que todos los que ahora se caen del guindo, puedan escribir lo mismo que escribíamos algunos y por lo que nos llamaban de todo menos bonitos. Pero quizás sí que les voy a hablar de una guerra muy complicada que tenemos que ganar, antes de meternos en otras guerras, salvo que estemos dispuestos a perder todas las batallas y la estrella de occidente vuelva a declinar en las tinieblas de una nueva edad media.

            Hace una par de fines de semana, un amigo me invitó a una reunión en su casa. Además de unos estupendos anfitriones, una velada agradable y unos invitados de los que pude percibir calidad humana, un crítico de cine, habló sobre el individualismo en la sociedad y la respuesta que daba el cine, comentando y explicando una selección de imágenes de distintas películas,  que iba reproduciendo. Sinceramente, para el que esto suscribe el cine era, hasta aquel día, un mero instrumento de evasión lúdica, pero después de caerse todos los palos del sombrajo, cada vez que vea una película intentaré comprender el mensaje que quiere transmitir.

            Quiero decirles que la exposición que hizo la he tenido muchos días muy presente; se mezcló  con las noticias de los atentados, y con la lectura de un libro del que ya les he hablado, pero que les vuelvo a recomendar, El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, de Samuel P. Huntington, del que les detallo un párrafo que dice “El problema para el Islam no es la CIA o el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos, sino Occidente, una civilización diferente cuya gente está convencida de la universalidad de su cultura y cree que su poder  superior, aunque en decadencia, les impone la obligación de extender esta cultura por todo el mundo. Estos son los ingredientes básicos que alimentan el conflicto entre el Islam y Occidente”.  Y lamento decirles, que este conflicto, y cualquier conflicto futuro en el que nos veamos abocados, sea económico, bélico o lo que se tercie, lo vamos a perder salvo que ganemos una guerra civil muy dura que está dentro de nosotros.

            ¿Qué fue primero en nuestra civilización? ¿La libertad o el individualismo? Entiéndanme, creo que el individualismo, entendiendo como tal la tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales, es una de las características de nuestra civilización. El individuo asume sus acciones, con sus errores y sus aciertos, y ejerce su libertad. Pero miren ustedes, una cosa es una tendencia y otra una norma absoluta de actuación. La libertad  como derecho del individuo, admite actuaciones positivas y negativas, o dicho de otra manera, cada uno puede limitar su libertad o hacer lo que le salga de la higa mirándose el ombligo con fruición. El individuo es una unidad muy pequeña, y va formando otras estructuras que no son la mera suma de individuos, sino que tienen su propia dinámica. Una pareja supone una limitación voluntaria de la libertad de cada individuo para crear una unidad superior e independiente que opera con sus propias normas de relaciones con familias, terceros, etc.. De igual modo una familia implica varios individuos que han limitado voluntariamente su libertad para crear un grupo que opera de una manera distinta. Y así vamos construyendo nuestra sociedad occidental, con libertad, es evidente, pero con responsabilidad y buscando una trascendencia del propio individuo.

            Pero nos hemos vuelto niños malcriados… Ejercemos nuestro derecho a limitar nuestra libertad y nos sentimos agredidos, limitados, agobiados, restringidos… No nos encontramos cómodos si no es haciendo lo que nos vaga y sin que nadie nos ponga freno a nuestros caprichos. Nos hemos convertido en islas y cubrimos nuestras carencias con solidaridades televisivas y similares. Eso sí, como es Paca que se molesta porque me lío con la secretaria buenorra de la oficina, o, estoy hasta las narices del niño, leche, que tengo derecho a ver mi tele y me da el coñazo con los deberes, pero ¿qué narices hace el profesor?, o, puff, que puñeta le han hecho a Pepe, mi compañero de trabajo, pero bueno, yo de momento estoy más o menos bien, que él se apañe. ¿Quieren que siga? Nos hemos convertido, con mucha ayuda eso sí, en ególatras, en seres que lo mismo da blanco, que negro, mientras a mí no me afecte eso sí, en individuos amorales, en los que reclaman mucho pero que lo que dan es por la fuerza de las leyes.

            En el fondo, y en la superficie, somos indiferentes a todo, salvo a nuestro ego. Nos importan las relaciones en cuanto mantienen nuestro rol, pero poca implicación en nada, ni en parejas, ni en familia, ni en trabajo, ni en política, ni en asociaciones, ni en nada. Vamos a nuestra bola y que se aparte el resto, que no me perturbe y no me complique la vida.

            Y con esta forma de ser, ¿Qué estamos dispuestos a jugarnos para mantener nuestro sistema de vida?, ¿qué sacrificios vamos a realizar para mantener nuestra civilización? ¿en qué estamos dispuestos voluntariamente a implicarnos para que nuestros hijos puedan recibir un sistema de vida y de valores que ha costado siglos crear?


            Siento decírselo, pero, o ganamos la guerra civil que tenemos con nuestras actitudes, la incoherencia entre lo que hacemos y lo que decimos que queremos, o nos situamos en donde estamos y volvemos a mirar a nuestro alrededor, o no ganaremos ningún conflicto. Y este campo de batalla, en lo que nos hemos convertido, ¡que quieren que les diga!, si que va a ser una guerra larga y dura.

domingo, 1 de noviembre de 2015

SAMHEIN

Se fue el Samhein… Una fiesta celta cargada de espiritualidad muy alejada del invento mercantilista de los descendientes de los herejes de la pérfida Albión. En esta celebración, que coincide con el 1 de noviembre cristiano, los antiguos celtas creían que durante la noche de la víspera del Samhein, el mundo de los dioses se hacía visible a los mortales, y de ahí surgían grandes portentos y desgracias. En esa conexión entre mundos diferentes, se abrían puertas a otros mundos; una noche cargada de magia y esoterismo, por lo que se solían colocar presentes en las ventanas para que los seres del otro mundo pasaran sin hacer daño a los habitantes de los cairns (o castros). Así que a nadie puede extrañarle que cuando el cristianismo se expandió por terrenos celtas, asimilara celebraciones que no le eran del todo ajenas.-

            Tengo que confesarles que no es una fiesta que me moleste especialmente; Cualquier situación en la que los críos puedan disfrutar consigue sacarme una sonrisa, y pienso que al menos sean felices que bastante complicado es el mundo que les  estamos preparando. Sin embargo cuando veo a maromos haciendo el cimbel, vagando por las calles como una horda medio risible, medio etílica, no puede menos que recordar un párrafo de las Epístolas Morales a Lucilio del cordobés Séneca que decía “”Examina a esos que deploran lo que desearon y tratan de huir de cosas sin las cuales no podrían vivir, y verás cómo persisten voluntariamente en aquellas cosas por las cuales se creen oprimidos y que, teníéndolas que soportar, se creen desgraciados”.

            Hace unos días nos reunimos un grupo de amigos que hemos creado una asociación cultural pàra tener una tertulia que versaba sobre el fin de la civilización romana. El ponente intentaba demostrar que, frente a la fecha tradicional que data la entrada en la Edad media en el año 476 con la caída del último emperador romano, el verdadero fin de la Civilización romana, y la entrada en la oscura Edad Media tendría que datarse en el año 711 con el cierre por el Islam del verdadero corazón de la civilización romana que era el Mediterráneo.-

            No voy a replicar el contenido de la tertulia, ni las distintas posiciones de los asistentes, pero sí hubo un acuerdo bastante generalizado en que fuera en el siglo V o en el siglo VIII, una de las causas de la caída de la civilización romana, del paso de ciudadano libre a siervo, fue la pasividad civil que nunca estuvo dispuesta a enfrentarse a una realidad que iba a cambiar su vida, que iba a destruir todo lo que valoraban, que, al igual que lo que decía Séneca, se creían desgraciados de aquello que les hacía vivir.-

            Y, honestamente,  veo a adultos disfrazados en la noche de Samhein y pienso que quizás, en vez de afrontar sus realidades, pretenden esconderse detrás de disfraces, huir de sus problemas, seguir cantos engañosos que les llevan a la oscuridad del siervo, a la pérdida de su futuro, a la destrucción de todo aquello que de verdad quieren.-

            Y sigo pensando, y quizás no sea el disfraz que se ponen en la noche del 1 de noviembre, que puede que llevemos un disfraz permanente, y nos creemos las mentiras que nos quieren vender, asumimos las falsedades de otros disfraces, y vivimos en un mundo de ilusión, para despertarnos en una pesadilla. Quizás sea hora de quitarnos el disfraz, de negarnos a tragarnos las mentiras que otros disfraces nos venden y tomar las riendas de nuestro presente y el destino de nuestras vidas.-


            Sé que el inmortal Cervantes, en nuestro Quijote, dijo aquello que la falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arratrándose, de modo que cuando la gente se da cuenta del engaño ya es demasiado tarde, pero no le hagan mucho caso, Demasiado tarde, nunca; duro, seguro, pero miren, en el 711, después de siglos de indiferencia, un puñado de hombres dijeron que ellos iban a recuperar su derecho a ser ciudadanos, se echaron a las peñas y palmo a palmo recuperaron su libertad. Nunca es tarde, así que les invito, en este presente que nos jugamos nuestro futuro y el de nuestros hijos, fuera disfraces, azagaya o gladio en la mano, fuera mentiras, y a recuperar nuestra ciudadanía.

viernes, 11 de septiembre de 2015

¿REFUGIADOS O INMIGRANTES?

Me asaltan las dudas, tengo que confesárselo; por un lado la emoción, por otra la razón. Este artículo no es fácil de escribir, porque se entrechocan sentimientos, ideas, pensamientos… En un intento de comprender lo que está ocurriendo he empezado a leer un magnífico libro, “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, de Samuel P. Huntington y aunque todo lo que llevo avanzado de esta obra me hace reflexionar y me llena de congoja, quiero compartir con ustedes un párrafo de esta obra. Dice así: “En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán los que se produzcan entre clases sociales, ricos y pobres u otros grupos definidos por criterios económicos, sino los que afecten a pueblos pertenecientes a diferentes entidades culturales”.

            Las imágenes que nos han suministrado, con la que nos han bombardeado, las que asaltan desde hace días nuestras casas, imágenes que no pongo en duda, son escalofriantes, hielan el corazón. Los medios de comunicación, en España al menos, se han centrado en dramas humanos que desgarran las entrañas. Somos una nación tremendamente emocional, Quijote y Sancho, fácil a la pasión inmensa, la buena y la mala; es una de nuestras virtudes y también de nuestros defectos. Somos excelsos e ínfimos, capaces de grandes gestas y de ruindades sin parangón. A golpe de esto se forjó nuestra historia, nuestra gloria y nuestro declive. Es nuestra forma de ser, y no me gustaría que fuera de otra forma, aunque no estaría de más que moderáramos nuestros ramalazos, que una ducha fría racional de vez en cuando no nos iba a cambiar, pero sí a refrenar.-

            Les digo esto porque entre el bombardeo mediático, las tragedias vistas, contadas y relatadas, la razón, seguro que ya un poco avejentada, lanzaba interrogantes, uno, otro, otro, y la tormenta era de tal magnitud que necesité volcarla en papel, compartirla con ustedes y esperar encontrar en algún momento una respuesta, si es que existe.-

            Pero las cartas sobre la mesa… El lector que haya tenido la paciencia de seguir este blog, por lo que seguro se ganará un buen lugar en la otra vida, conoce mis reticencias con la cultura islámica. No es una cuestión religiosa, que cada cual es muy libre de rezar al Dios, o la manifestación de Dios en la que crea, o de no creer en nada en absoluto; no, es una cuestión del entramado vital de los pueblos, de siglos de evolución, de aporte de ideas, de creencia en valores; no se trata de la consideración de superioridad absoluta de una civilización sobre otra, sino de mi profunda creencia que nuestra civilización occidental es en la que quiero vivir; los siglos de evolución occidental basados en el pensamiento griego, romano y cristiano, los matices medievales, la explosión del renacimiento, la ilustración, el pensamiento liberal, la época de las revoluciones, la sangre vertida en las masacres del siglo XX, en resumen, siglos de historia que nos hacen ser y sentir como occidentales. Y guste o no, la cultura islámica sigue otras vías, otros cauces, y sus valores son incompatibles con los nuestros, al menos en este momento histórico que tenemos que vivir. No sé qué cultura es superior, no hablo de valores absolutos, hablo de en qué cultura quiero vivir. Y creo que como occidentales, nuestra obligación no es convertir a nadie, sino mantener nuestros principios, nuestras ideas, nuestra cultura, para nuestros descendientes, y que ellos puedan conservarlos y desarrollarlos sin tener que volver a subirse a las peñas en Asturias y con el refugio de la Santiña recuperar lo que ya tenían, lo que era suyo, y nosotros perdimos. Pero esta reticencia a otra civilización no es incompatible con la obligación de prestar ayuda a otros seres humanos, sean quienes sean, y tengan la mochila cultural que sea. Como ven, las cartas ya están en el tapete, así que les invito a compartir mis dudas…

            Les comentaba anteriormente el impacto que sufrí al ver las espeluznantes imágenes, pero, honestamente, parecían servidas ex profeso para generar una respuesta. Las víctimas que huían de la guerra y los perversos policías que les impedían llegar a tierra segura… Lo malo es que la memoria me traía a la mente imágenes parecidas de guardias civiles intentando hacer lo que ahora les toca a otros: Mantener la integridad de las fronteras de una Nación y cumplir los acuerdos internacionales que garantizan la libre circulación de los ciudadanos europeos. Ya sé que habrá a quien le entre un sarpullido nervioso al oír hablar de Nación, que este es país de mindangos en la que sale gratis silbar al himno nacional o decir majaderías del estilo que Roma fue grande cuando los catalanes llegaron a Roma. Que sean políticos nacionalistos o jugadores de futbol, me trae al pairo, porque la incultura, la ignorancia en medios públicos sólo debería recibir un autismo social y ni medio minuto más. Pero a lo que iba… Recibimos imágenes, pero… ¿todas? He visto imágenes de los refugiados tirando comida y agua que les proporcionaba los cuerpos de seguridad de un Estado europeo a las vías del tren, y les invito a mirarlas, pero no se molesten en buscar en los canales españoles, ahí no las encontrarán, ¿por qué?.

            He vuelto a mirar las imágenes de los refugiados. Sinceramente, personas que huyen de una guerra, de matanzas, de crímenes, se encontrarían en una situación de vulnerabilidad física y psicológica. Me pongo en esa situación, y pienso que cualquier lugar en la que mi vida y la de mi familia no estuviera amenazada me parecería el paraíso terrenal. Miren la fotografía que encabeza este artículo de refugiados europeos tras la II Guerra Mundial. Sin embargo, veo las imágenes que nos ponen y me parece que se está recreando las mismas que ya vimos en la primavera árabe o en cualquier manifestación anti occidental en un país islámico. Si ustedes miran las imágenes, y quitan la hipnotizadora voz de los periodistas, ¿piensan  que corresponden a personas en situación de indefensión o a manifestantes reclamando derechos en unos países que no son los suyos?

            Miré un mapa, y me extrañó la ruta seguida… Un refugiado quiere volver a su casa. Está desubicado, tiene miedo, pero no quiere abandonar su hogar. Busca un sitio en donde la diferencia de costumbres, de trato, no sea un abismo, salvo que esté dispuesto a romper con su pasado y asumir como propia la nueva civilización a la que se dirige, que no es el caso. Sin embargo, bordean países de cultura islámica y se dirigen a Occidente, sin pretender asumir el sistema cultural occidental. Y yo me pregunto, si fuera refugiado y tuviera que huir de nuestro país, ¿iría a Arabia Saudí o querría ir a Portugal, Francia o Hispanoamérica, en donde me sentiría más integrado culturalmente?

            Sigo pensando… Es cierto que Grecia, Macedonia, Serbia o Hungría no son los países con una renta per cápita más alta de Europa, pero, miren ustedes, si abandono mi país por una guerra, he perdido todo, y llego a un país europeo en el que se me garantiza la vida, alimentos, sanidad, más de los que tenía de donde vengo, ¿exigiría ir a un destino concreto, como si tuviera una ruta ya trazada? ¿Tengo derecho a exigir un destino? Esa actitud sólo la he visto una vez, y fue en reportajes sobre la marcha de los judíos a Israel tras la II Guerra Mundial, pero ellos no se consideraban que fueran refugiados a Israel, estaban cambiando su papel de refugiados de las masacres nazis a colonos de un nuevo Estado.-

            Me ha llamado la atención también la ausencia de beligerancia con su país de origen, con los que se recrean en las masacres… ¿Han oído a algún refugiado pidiendo una acción internacional en su país? ¿Han escuchado peticiones de intervención que restaure la paz que parece que han perdido? Si ustedes repasan los conflictos civiles desde la Guerra Civil española hasta nuestros días, los refugiados pedían siempre una intervención internacional que les devolviera su seguridad, la de su vida y la de sus familiares, ¿recuerdan las peticiones de los croatas, o de los ucranianos, por no ir a la de los refugiados españoles tras la Guerra Civil? Pero de eso yo no he oído nada… Quejas sobre el país al que están llegando, que trata de identificar, regular y controlar el flujo de personas que están desbordando sus fronteras, todas, pero críticas contra la situación en su país ninguna. Sinceramente, ¿les parece normal?

            Actitudes reivindicativas, rutas trazadas, exigencias, desprecio de la ayuda, falta de crítica sobre su país… ustedes, ¿Qué piensan? ¿Son refugiados o emigrantes, son personas que huyen o colonos? ¿quieren integrarse o imponerse?

            Que hay una crisis humanitaria es clara, pero, ¿es ésta la solución? Los mismos que aplaudieron la primavera árabe son los que se rasgan las vestiduras con lo que ella trajo…  Pero se las rasgan y ya… Y ahora, ¿qué? ¿Pretenden solucionar el problema no en donde se produce sino abriendo las fronteras? Y después, ¿qué? Y cuando lleguen, ¿qué? Y cuando vengan más, ¿qué?


            Preguntas, preguntas, preguntas… No sé qué piensan ustedes pero yo navego en un mar de dudas, y creo que si nos ocupáramos de nuestras responsabilidades familiares (y me refiero a nuestros primos de allende los mares) y de nuestras responsabilidades coloniales (y me refiero a saharauis y guineanos) haríamos más justicia a nuestra cultura y a nuestra civilización. Quizás no tenga sentido lo que digo, espero que las decisiones que se están tomando sean las correctas, pero hoy, 11 de septiembre (¿se nos ha olvidado ya?), no me gustaría que despertáramos del sueño en que parece que vivimos los occidentales y nos encontráramos viviendo en nuestras calles la pesadilla que vemos en algunos estados islámicos.

jueves, 6 de agosto de 2015

LEPANTO

Hace tiempo que tengo este blog un poco abandonado. Vivimos corriendo hacia ningún sitio, dejando de lado lo importante para mantener o conseguir lo necesario, y seguramente el destino nos castigará quitándonos lo necesario, después de perder lo importante.  De todas formas, intentaré hacer propósito de enmienda para no olvidar lo importante sin descuidar lo necesario. Y dentro de esas buenas intenciones, que espero no empiedren aún más el camino al averno, está el mantener este blog para que, sí así les place, puedan o bien sestear con él o disfrutarlo.-

Lo cierto es que a poco que uno mire el presente, ve demasiadas incertidumbres en nuestro futuro; no, no se agobien, no les voy a decir que muchas de ellas están escritas en este blog hace tiempo. No soy pitonisa, ni tampoco creo que el futuro está escrito, pero, miren ustedes, el futuro nace en nuestro presente, que viene de nuestro pasado. Predecir lo que es más probable que pueda ocurrir no es mucho más difícil que ver un coche circulando por un puerto de montaña a 200 Km. por hora y saber que lo más probable es que se pegue un costalazo mortal. Lo único que pretendo hacer es inhibirme de lo que me gustaría que ocurriera y mirar como un observador aséptico la evolución de las situaciones. Y les tengo que confesar que ni me deleito en los aciertos, ni sufro con los errores… Sinceramente, me trae al pairo lo políticamente correcto, no admito que terceros me digan lo que está bien o mal, ni por supuesto que decidan sobre mis actitudes o acciones, salvo claro está, las normas de convivencia que nos separan de la barbarie.-

Y ustedes pensarán a qué viene este ladrillo que les he soltado y qué tiene que ver con el título de este artículo del blog… Bueno, apelo a su paciencia porque creo que en breve lo comprenderán. Hace unas semanas terminé el libro La Europa dividida de John H. Elliott y un párrafo me hizo pensar. Decía así "La victoria de Lepanto fue la mayor victoria conseguida por las armas cristianas contra el Islam desde la toma de Granada en 1492. Demostró, de forma definitiva, que los turcos no eran invencibles y que los cristianos contaban con la moral suficiente y los recursos técnicos necesarios para mantenerlos a raya". Sí, ya se, muchos de ustedes consideran que la batalla de Lepanto no fue tan importante, porque al cabo de un año los turcos habían reemplazado los barcos perdidos. Es triste que en España la historia se aprenda en base a lo que nuestros tradicionales enemigos del pasado querían que el mundo, y nosotros con él, pensara de nuestra historia. Y han tenido éxito, la verdad, porque miles de compatriotas son capaces de creer en sus tonterías, en esas y en otras propias, y serían capaces de afirmar sin sonrojo que un seis de agosto, a las 2 de la tarde, es noche cerrada.-

Si les interesa, la batalla de Lepanto fue una de las mayores victorias para salvaguardar lo que hoy entendemos como civilización occidental. Es cierto que los barcos turcos se repusieron, pero no las expertas tripulaciones. El Mediterráneo volvió a ser un mar occidental, comenzó a volver a ser un mar seguro, se destrozó el predominio naval turco, militar y de transporte, se alejó la amenaza permanente sobre las costeas españolas y, como consecuencia no buscada, se redujo la presión turca sobre Centroeuropa, que desde ese momento empezó un repliegue turco que terminaría en el siglo XX.-

Para nuestros antepasados el Islam, y, que quede claro, hablo de cultura y no de religión, era un problema de supervivencia. No es muy difícil entenderles… Ocho siglos intentando recuperar su tierra, viendo las razzias que dejaban una estela de muertos y parientes vendidos en el mayor mercado de esclavos del mundo, viendo las cabezas de vecinos clavadas en picas en las murallas de las ciudades andalusíes, saber que tu mujer, tu hermana o tu hija, es objeto sexual de algún jerifalte, les dio una visión bastante acertada de lo que podían esperar si esos vecinos del sur volvían a imponerse. Y esa política española se mantuvo siglo tras siglo, porque no podían permitirse la estupidez de repetir los errores de los visigodos. Bueno, siglo tras siglo hasta la llegada del buenismo alocado y suicida, hasta el relativismo moral, hasta el complejo de inferioridad sobre la cultura occidental, hasta el desarme intelectual e ideológico. El Gran hermano nos dice lo que tenemos que pensar, sentir y hasta cómo comportarnos con nuestros hijos, padres o parejas. Y los muy borregos ciudadanos de hoy, asentimos con mirada bovina, callamos y lo asumimos sin que cuestionemos nada. Lo lamento mis muy estimados lectores, tendremos vehículos, ordenadores, y una medicina espectacular, pero nos parecemos mucho más a nuestros antepasados de lo que nos gustaría, sentimos muy parecido, y a fuer de sentirnos tan distintos, no sabemos lo que mantener y lo que corregir, con lo que ni sabemos cómo somos ni cómo nos gustaría ser. Después de todo, ya hay quien nos lo dice, ¿no?. Pues no….

La cultura islámica sí sabe lo que quiere, lo tiene muy claro, es expansiva, es fuerte, y  ya deberíamos haber aprendido de la historia que una civilización que es incapaz de luchar por sus valores, muere arrollada por pueblos, más atrasados o no, que tienen confianza en su victoria.-

Asistimos a una invasión silenciosa; miles de personas que desprecian nuestra cultura se asientan en nuestras ciudades y pueblos, exigiendo la adaptación de nuestras costumbres a las suyas. Por nuestras fronteras, y hablo de las europeas,  pasan  miles de personas sin control, sin saber que quieren, piensan o sienten; ¿huyen o se infiltran? ¿son refugiados o activistas?. Parece que aceptamos que en nuestros países no sólo vivan, sino que se les nacionaliza, personas que están dispuestas a acabar con nuestro sistema cultural. Ya, lo sé, habrá quien piense que soy xenófobo o racista, pero miren, lo política correcto me importa un higo. Así que al que así piense le dejo que me invite unas semanas a su domicilio, que entenderá que orine en los sillones, defeque en el pasillo, vomite en su cama, y haga unas cuantas “festuqis” cuando quiera descansar. Y les ruego me perdonen este párrafo soez y de mal gusto, pero, que quieren que les diga, si ustedes no admitirían ciertas actitudes en su casa, ¿por qué admiten otras más dañinas en su país?


Uff, lo olvidaba, hay que ser “buenista” y aceptar lo que nos dicen que es normal, aunque nos queme las entrañas… Ustedes disculpen