martes, 18 de abril de 2017

EL FANTASMA DEL TRASTERO

Ya lo comenté en un anterior blog. Abandonado el camino de la política, esquivada la senda de pretender compartir inquietudes del presente, sólo queda mirar al pasado para quizás entender que hay hoy, y que habrá mañana. Debo confesarles que ya sólo me interesa un mañana pequeño, limitado, aquel que pueda garantizar a los que vengan tras mí seguir en la senda que me señalaron mis ancestros.

En estas estoy, no les engaño, cuando han llegado a mis manos, en este mes de marzo, dos libros, dos libros atípicos, dos incunables raros, dos joyas del libre pensamiento, dos en un mes. Rara avis, lo sé, pero dos joyas en papel que honestamente creo que deberían ser de obligada lectura por nuestros bachilleres, y lo que les digo, no es baladí. A nuestros hijos, a nuestros descendientes, les señalan libros “profundos”, libros de lo políticamente correcto, de la verdad oficial, del pensamiento único, libros que están acordes con lo que se considera que deben de pensar, sentir y ver. En nuestro mundo la discrepancia se persigue, el diferente es raro, es un mundo feliz en el que nos llevan a ese mundo en el que dormitamos ahítos de soma, de mensajes único.

Sé que nunca figuraran en los planes de estudio, quizás porque los que lo diseñan no leen más que periódicos deportivos o resúmenes de prensa, o quizás porque no les interesa nada. Este es el mundo en el que viven, disfrútenlo, pero de forma doble, una por el mundo en el que están viviendo y otra por el mundo que dejarán a sus hijos. Y si llega un momento de incertidumbre, recuerden, la palabra mágica es soma, es decir, más propaganda, más panfletos, más intoxicación…

De una de esas obras escribiré más adelante; de la otra versa esta entrada. ¿Cómo terminó en mis manos? Bueno, les hago un pequeño resumen. En una asociación cultural, de la que tengo el gusto de pertenecer (Club Encuentros con la Historia), se hizo una exposición sobre la leyenda negra. No les digo nada nuevo si les confieso que me gusta la historia, que pretendo conocer un poco más de ella, que considero que la historia es a los pueblos lo que la vida pasado a las personas, es decir, una mochila de vivencias, actitudes, sombras y luces, que configura nuestro presente y esboza nuestro futuro. De igual manera que una persona que ignora o se engaña a sí misma sobre su pasado, va en el camino de repetir una y otra vez errores pasados, el pueblo que olvida o se deja engatusar sobre lo que ocurrió va camino a un desastre colectivo.

Dando vueltas en la cabeza a la exposición y debate, tropecé con un libro en una librería, titulado Imperiofobia y Leyenda Negra, de María Elvira Roca Barea, y les traigo un párrafo que dice “Los muros invisibles dentro de los que viven las autojustificaciones del protestantismo, la superioridad indiscutible de las razas nórdicas y el ego social de Francia están construidos con los ladrillos de la leyenda negra. Cada generación, según su necesidad, va a añadir un capítulo nuevo para convencerse de que ellos están en el lado bueno, porque dejaron a los malos en la otra orilla”. Y no, no es sólo un libro de historia, es un magnífico ensayo que arranca en el odio a los Imperios, y hace un análisis de los orígenes de la leyenda negra, de la campaña de manipulación y mentira realizada desde los humanistas italianos, pasando por los protestantes ingleses, holandeses y alemanes, continúa en las falsedades extendidas por la Ilustración y finaliza en nuestros días. Y por si fuera poco, ameno y claro. Incluso si no le gustan los libros de historia, este le va a apasionar, porque no es un libro de historia, o mejor dicho, es más que un libro de historia.

No les voy a hacer una sinopsis de la obra, sino unas reflexiones sobre la misma, que ignoro si son las pretendidas por la autora, porque creo que en el momento en que un libro está en la mesa de un lector, toma vida propia en su cabeza, y las reflexiones, sentimientos y pensamientos que genera ya no están bajo el control de su creador. Lo cierto es que nunca asumí como propia la leyenda negra; a poco que se rebusque, la falsedad de los hechos, era, para mí, bastante obvia. No con el nivel de conocimientos de la autora, pero sí los suficientes para que despertara sentimientos de desprecio respecto a los extranjeros que tan alegremente la comentaban. No me malinterpreten, tampoco pensé en una historia de cuento de hadas, asumía una historia dura, con luces y sombras, pero en el que el bagaje de los hechos era enormemente positivo, más si se compara con las políticas racistas, genocidas y ladronas de las expansiones inglesas, belgas, francesas, holandesas y, en la medida que han podido, alemanas. Ese desprecio se tornaba indignación cuando el propagador era un español de este o del otro lado del charco, retroprogres estúpidos, de diversa condición, ideología y plumaje, que, sin saber de lo que hablan, repiten, cual papagayos, un soniquete que han oído y no han cuestionado, y son voceros, conscientes o no, de una mentira. El verdadero problema de la leyenda negra no es lo que se diga en el extranjero, es la asunción que hemos hecho los hispanos de ambos lados del charco de la misma; nos hemos tragado una mentira, una cómoda mentira, que evita pensar en cuál es nuestra responsabilidad en el presente.

            Pero lo que nunca había llegado a considerar que todo era una campaña orquestada, conscientemente divulgada y mantenida, una descalificación permanente, un auténtico experimento social. ¿Sólo para erosionar el Imperio Español?; creo que la autora se ha quedado corta, porque ese engaño sigue permitiendo a las respectivas oligarquías, las mismas que se rebelaron contra el Imperio español, en sus versiones contemporáneas, mantener un engaño sobre sus propias poblaciones y que van a determinar el futuro de todos. Sí, también es un libro sobre el futuro de la sociedad occidental.

            Sólo discrepo en una reflexión del libro; considera que nada hay en los españoles de ahora de los españoles de antes. Creo que se equivoca; si una leyenda negra se mantiene con tal fuerza es porque el riesgo se percibe aún. Sólo manteniéndola se genera una indefensión social aprendida que se manifiesta en una vergüenza colectiva a manifestarse como español, pero la vergüenza es a manifestarse, no a serlo. Es un complejo a lo que te pueden decir, no a lo que se es, sensación que reduce la confianza y que quizás termine cumpliendo esa conclusión. Pero por ahora, sí, creo que queda mucho, aunque cada vez más letárgico….

            Compren el libro, sobre todo, intenten que sus hijos lo lean. Ya es hora de empezar a erguir la cabeza, a asumir y enorgullecerse del pasado, de limpiar el trastero de tanto fantasma. Espero que lo disfruten tanto como yo.

jueves, 2 de marzo de 2017

EL ISLAM COMO CAUSA DE LA CAIDA DE LA CIVILIZACION ROMANA

                Mucho tiempo sin escribir en este blog. Quizás demasiado. Un tiempo para meditar si lo conservaba, quedaba inactivo en el limbo virtual o simplemente lo cerraba. Al final, con muchas vicisitudes personales desde el último artículo he decidido conservarlo, pero con una pequeña variación. Este blog dejará temas políticos y se centrará en temas de historia, libros y pensamiento. Será el interlocutor silencioso donde vuelque dudas, opiniones y reflexiones, no con la intención de enseñar nada (¡ni por asomo!), si no para compartirlas, si les place con quien lo desee, quizás sólo con bits, nubes y chips. 

                      Así que nada mejor que copiar una exposición que hice, hace ya meses, sobre un tema histórico. La idea que expuse no es mía, pero no es generalmente aceptada y quizás por eso poco conocida. Lean y lleguen a sus propias conclusiones, Espero que les plazca.
                        
                    Hasta el siglo III las fronteras romanas (el limes) había funcionado. El sistema político romano se adaptaba a sus deficiencias; recurre a mercenarios bárbaros, adopta una actitud defensiva y aumenta su longevidad cerca de doscientos años más.-
                Sin embargo, el cáncer se extiende dentro de Roma. ¿Causas? Muchas, pero en esta exposición nos quiero que nos detengamos en algunas:
-          Usurpadores. El “trono” de Roma es accesible a usurpadores, a recién llegados, a generales ambiciosos, a bonis miserables, a….
-          Un territorio extenso a defender, que va desde Africa, Asia a Europa
-          Una población civil pasiva, “pasota” si se permite la expresión actual, que no está dispuesta a defender un sistema político que “no va con ellos”, y por lo tanto, no quiere enfrentarse a los bárbaros
Los bárbaros…. Mágica definición que no define nada. Los ajenos, los extraños, los brutos, pero, ¿por qué atacan los bárbaros? Los buenistas del presente intentan identificarse con aquella situación, pero el hecho cierto es que no parece haber causa alguna; no existe un odio racial, no hay diferencias políticas, entendiendo como un deseo de subvertir el sistema romano, y no hay causas religiosas. Quieren entrar en Roma, establecerse, prosperar… No quieren que Roma se adapte a ellos, sólo vivir… Pero las fronteras son inestables. Los Hunos presionan, un pueblo nómada, agresivo, procedente de las estepas empuja a los bárbaros y estos, ante la indiferencia de Roma, les obliga a saltar sobre Roma. ¿Y si Roma se hubiera implicado en su defensa? No quiero hacer historia ficción, pero ahí queda…
               Los ostrogodos se lanzan sobre Panonia… Los visigodos asaltan la frontera del Danubio… Traspasan la frontera, federati (federados, contratados), quizás, pero unos contratados peligrosos, que avanzan en grupos compactos. Roma quiere rectificar, pero en el 378 los bárbaros derrotan a las legiones en Adrianópolis. No es la primera derrota de las legiones, pero los historiadores lo señalan con fruición. ¿Por qué?. Hubo otras derrotas antes, pero esta es marcada como el principio del fin. Sí, los bárbaros se extienden, saquean Grecia, pero, y hay un pero, Estilicón les derrota y les obliga a retroceder.
               Empieza una marcha de pillaje…
               Estamos en el 418. Los visigodos son autorizados a instalarse en Aquitania. Los vándalos en África. El Imperio no actúa…. ¿por qué? Los hunos son una amenaza permanente de tal calibre que el Imperio no actúa….
               No quiero alargar la agonía…. En el 455 se produce el primer saqueo de Roma, en el 476 cae el último emperador romano, Rómulo Augústulo… Romulo empieza, Romulo termina…. Los bárbaros se extienden… Ostrogodos en Italia, Vándalos en África, Suevos en Galicia, Viisigodos en España y Francia, Burgundios en el Ródano… (y ruego me perdonéis los nombres actuales),
Ya está…. Roma ha caído, empieza la Edad Media.
¿Seguro?
¿Ha caído una entidad política o una civilización? ¿Qué es una civilización? Quizás deberíamos meditar que pasó en el siglo V….
Una civilización es una entidad cultural. Son valores, normas, instituciones, pensamiento; son costumbres, estructuras, religión…. ¿Una raza?, no, o no siempre, porque una civilización puede mantenerse entre diversidad racial si existe coincidencia en valores, creencias, instituciones y estructuras sociales. La civilización es una totalidad, un núcleo y es el plano más alto de identificación.
Y como realidad cultural, no política, ni mantiene el orden, ni imparte justicia, ni sostiene guerra ni recauda impuestos…
¿Roma es una entidad política?, sí, sin duda; Roma mantiene el orden, recauda impuestos, hace la guerra…. Pero, ¿Roma es algo más? ¿Es Roma una civilización?
Y si lo es…. ¿se hundió la civilización después de la invasión bárbara? Pues sí, ¿no?, o al menos eso nos cuentan… Ya está… Cae Rómulo como se llame y llega el feudalismo… No sé a vosotros, pero a mí me suena raro… Así que vayamos a la invasión….
Ya está, los bárbaros han llegado, se han asentado y son ellos los que mandan. Así que entendemos que sus instituciones se imponen, las normas bárbaras se extienden en Europa, ¿no? Pues no…
Las instituciones tribales bárbaras no se conservan en los territorios conquistados, configurados como reinos, con la salvedad de los anglosajones(ya sé, estos siempre a su aire).
Los bárbaros se asientan y asumen el sistema romano. Veamos un poco esto
Los godos:
-          Teodorico no publica leyes, sólo edictos.
-          Los godos forman el ejército, pero los magistrados son civiles y la administración romana (más o menos) se mantiene
-          Acuñan moneda, pero en nombre del Emperador (de Roma)
-          La organización judicial es romana
Los vándalos (que brutos, ¿no?)
-          Rompen con el Imperio, pero no organizan el reino al modo germánico
-          Se olvidan del derecho germánico
-          El gobierno civil sigue siendo romano y el sistema administrativo.
Los burgundios:
-          Segismundo dice ser soldado del Imperio y recibe de Bizancio el título de patricio romano.
-          Fechan por los años de los cónsules romanos
-          Su corte es romana
-          La justicia es al uso romano
-          Romanos y burgundios tienen la misma consideración jurídica
-          La organización de los impuestos y las monedas son romanas
Pero, ¿Roma no había caído? Quizás, pero todo lo que funciona y vive es romano, con pequeñas gotas germanas, pero muy pocas…
Y, ¿En Hispania?
-          Los duques de provincias y los comités de las ciudades son romanos
-          Con Eurico los visigodos se someten al Comex que juzga a la manera romana.
-          El código de Eurico es derecho romano realizado por juristas romanos…
Ya, pero seguro que los francos….
                Pues tampoco… Pero todos ellos controlan el fisco y el tesoro y disponen, en nombre del emperador, de los impuestos. Circula el oro, el régimen de personas y tierras perdura igual que antes, bueno, todo no sigue igual…. Si sustituimos las posesiones imperiales y el fisco, algo así como quítate tú que me pongo yo, todo sigue igual… El sistema romano de concesión de tierras, la gran propiedad confiada a conductores que la toman en arriendo y perciben censos (vaya, como en Roma), se mantiene el transporte masivo de cereales, y, importante, el Mediterráneo sigue siendo el centro del comercio. Vinos de Siria, aceite, especias. La pimienta se sigue usando, se escribe en papiro…  El aceite se usa en alumbrado… Incluso se transporta al norte de Europa (10.000 libras). Gregorio Magno compra ropa en Marsella y manda madera francesa a Alejandría… Pero, ¿no nos decían que eran tiempos obscuros del medievo?

                No, Roma vincit, la civilización romana vive, o mejor dicho, vive aún…

                Le queda poco, así que miremos un poco al este…. El Islam se expande; quizás mejor mirar un mapa de la expansión islámica y ver como se contrae el comercio. Según avanza el Islam, la navegación se hace imposible; en el 650 el Islam ataca Sicilia; en el 711 España (o Hispania, como prefieran).
                El tráfico comercial, fluido, abundante, se ha roto. En el siglo VIII sólo hay tráfico comercial en Bizancio que dispone de una marina capaz de garantizar sus transportes. En el Mediterráneo reinan los piratas musulmanes. Marsella se queda vacía (mirad los registros antes y después). El papiro desaparece y resurge el pergamino. Ya no hay especias después del 716… Tampoco hay oro, y, de hecho, los merovingios en el siglo VIII introducen cada vez más plata. Ya no hay mercaderes profesionales; el comercio ha sido destruido porque fuera del Islam no hay comerciantes. -

                Los reyes cada vez tienen menos recursos porque el sistema fiscal romano se hunde. Y se hunde ahora, en el siglo VIII… Es el momento de la aristocracia terrateniente porque el rey ya no puede costear un ejército permanente, y sin rey que pueda imponer la ley romana, es el señor de tierras el que extiende su dominio. Si no circula el oro, si no hay peajes, es la tierra la que se convierte en la base esencial de la vida económica. Sólo Venecia aguanta un poco, sí Venecia.

                Los terratenientes ya no pagan impuesto en moneda… los reyes no tienen fuerza para mantener el poder... Empieza la Edad Media…

domingo, 15 de mayo de 2016

EUROPA SERA BEIRUT

Un buen amigo hace unos días me recomendó un libro. La verdad es que versaba sobre un tema que es recurrente de vez en cuando en este blog, así que les reconozco que empecé su lectura fiado más de la calidad personal del que me lo recomendó que del libro en sí mismo, porque, verán ustedes, que el Islam es un peligro para nuestra civilización es algo tan obvio que sólo un ilota irrecuperable puede negarlo, así que pensé en otra reflexión de autoafirmación, de las que ya he escrito en este blog, pero lo cierto es que me quedé apabullado con su lectura. Que alguien escribiera un libro con esa fuerza, hace ya tantos años, me dejó anonadado, así que no puedo menos que recomendarles que intenten buscar sus libros y dejen este blog, porque tal como ella lo escribió, me confieso incapaz de escribirlo ni más alto ni más claro.

Y tengo que confesar mi ignorancia, porque desconociendo a la autora pregunté a mi amigo sobre ella. Las letras impresas dicen mucho sobre el autor, y desde el principio del libro me sentí arrastrado, hipnotizado, encandilado; no puedo hacer una buena descripción, pero no pude menos que preguntar que dónde se hallaba una mujer de tal temple, capaz de afrontar cualquier reto, invencible en sus ideas, de las que hacen despertarse al Alonso Quijano que quiero pensar que aún dormita en nosotros, que se pone al mundo por montera, se enfrenta a lo divino y a lo humano y que al que esto escribe le devuelve la confianza y la esperanza . Pero corran, no lo dejen pasar, porque no va a ser un libro fácil de encontrar. La censura en la sombra se lo va a impedir, el pensamiento único lo bloquea, así que se desean vibrar ya pueden esforzarse. Su vida no tiene mucho mérito, la verdad, de partisana antifascista a monstruo del buenismo. Les avanzo, como aperitivo, un párrafo del libro La rabia y el orgullo, cuya autora es Oriana Fallaci y dice así “Preparan las futuras oleadas. Los quince millones de musulmanes que hoy viven en Europa (quince) son solamente los pioneros de las futuras oleadas. Y créeme: vendrán cada vez más. Exigirán cada vez más. Pues negociar con ellos es imposible, Razonar con ellos, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza, un suicidio. Y cualquiera que piense lo contrario es un pobre tonto”.

Y este párrafo me dejó pensativo, porque empecé a pensar en una sociedad de tontos, de estúpidos, de ciegos. Lo sé, algunos de mis lectores, que me conocen, pensarán que es la religión la que me mueve. ¿Cristiano?, sí sin duda; reconozco que lo de católico es más confuso, porque ser español y católico es a veces un imposible, y cualquiera que sepa algo de historia lo entenderá. En la piel de toro hemos ido siempre por libre, ¡qué se le va a hacer!, y tan pronto destripábamos herejes como asaltábamos Roma con los lasquenetes, así que dejémoslo en cristiano. Pero… Tengo una religión en la que Dios habla claro, aunque los altavoces demasiadas veces distorsionen. Una Religión que empieza en un nacimiento y termina en una resurrección, una religión de vida, que nos ha hecho avanzar, ser mejores, más justos. Una religión que alza catedrales, que nos da a un Santo que no ve animales impuros, sino hermanos, un hermano lobo, una hermana luna…. Una religión que me permite sentirme hermano de un humano y de un lobo, que me da la ocasión de hermanarme con la creación, con el milagro de la vida, de ser conservacionista (dejemos lo de ecologista por el tinte político) y solidario con el resto de humanos, de ser tolerante, de no tirar la piedra antes de ver la pureza de nuestras conductas, de ser revolucionario, inconformista y también templado. De apreciar el amor, la dignidad, el honor, la igualdad entre hombres y mujeres. Y a mis amigos ateos cristianos, como Dios manda, obviando la trascendencia, esta herencia les persigue. No hay liberalismo posible sin cristianismo, ni socialismo sin cristianismo, ni marxismo sin cristianismo, ni pensamiento libre alguno… El influjo de Roma, Grecia, el Cristianismo, hace posible esa gran lago de libertad que supone Europa. Y verán ustedes, el problema es más serio de lo que parece. Mientras el cura cristiano desaforado (léase cura, pastor o pope) te condena al fuego en la otra vida, lo que es discutible en base a lo que uno crea o no, o en qué tipo de Creador crea, el Islam simplifica el problema y ante la duda, condena al fuego en esa. Vamos, que te achicharro aquí no sea que en la otra te libres….

Desde hace siglos nos hemos fajado con un peligro acechante, fuerte a veces, débil otras, pero siempre latente, como muy bien sabían nuestros ancestros. Y ahora, ¿nos hemos vuelto locos?. El peligro está ahí, son los de siempre, pero parece que nuestra estupidez y nuestra ignominia nos van a hacer invulnerables, y no. Esos que quieren aceptar entienden que la única ley que tienen que aceptar es el Corán, es ley aplicable, que viene de Dios, indiscutible, coherente. Que es una mujer adúltera, pues se la lapida; que es homosexual, pues le colgamos. No miren a otro lado, porque aquí ellos no engañan, son los buenistas, los gilipollas y gilipollos los que no quieren verlo.

Les confieso mi extrañeza… No entiendo nada, o entiendo demasiado… Porque el ataque a nuestra civilización no respeta ideologías, está asentado en la clase política y pretender hacernos comulgar con ruedas de molino…. ¿por qué? Acompáñenme y repasemos….

La falta de dignidad más flagrante la he visto en el hasta ahora principal partido de la oposición Como diría un sobrino, me flipa, me flipa, me flipa…. Veamos, los de la norma paritaria, los de el presidente/la presidenta, el vocal/la vocala, la idiota/el idioto, la gilipollas,/el gilipollos (perdóneme si alguno de estos no está aceptado y no es políticamente correcto, pero soy de EGB, ustedes disculpen), esos, sí, esos, entregan un premio a una mujer con burka, sí, el traje regional de la igualdad, el manifiesto de la paridad. Es decir, ¿que estos trúhanes me obligan a cambiar el lenguaje y dan premios a mujeres vestidas en sacos machistas?  Pero, ¿me consideran un gilipollos?

La cobardía excelsa es la del gobierno en funciones…. Vamos, sorpréndase, estos, que van de no sé qué, aprueban que se enseñe a los niños el Corán. Estos aprueban aceptar miles de refugiados islamistas mientras rechazan en frontera a nuestros primos de Venezuela (17.000 muertos el último año); pues sí, a los que descienden del mismo tronco, a los que sus antepasados se ganaron esta tierra con su sangre a la puta calle, a la muerte, a la desesperación. A nuestros hermanos (que lo son) que les jodan, pero, eso sí, los islamistas “pa dentro”. Y mire usted, un primo puede ser molesto, pero, qué quiere que le diga, es de la familia, de Los que usted quiere traer, mía no es, salvo que el presidente/presidenta se cambie el apellido por Casio para luego ser Banu Qasi. ¿Es eso? Verán, si pretendo registrar una asociación cultural que diga “Si cambian de propósito, apoderaos de ellos y matadles donde les encontréis. No aceptéis su amistad ni auxilio”, ¿ustedes creen que lo aceptarían? No, verdad, pues lean la aleya 89 de la sura 4 del Corán. Es decir, aceptamos a los que pretenden matarnos por ser como somos…. Guai…, vamos, genial. Esto no es extremismo…. ¿no? Y ¿qué es?

Y lo peor, con creces, los de esta izquierda radical y bolivariana que ya está aquí… Estos hablan de hermanos musulmanes, de pedir perdón por la reconquista de Granada… ¿Están locos? ¿Quieren que volvamos al mercado de esclavos? Y lo más, lo más fuerte… Unas zumbadas entrando en una capilla cristina en porretas… Y yo me pregunto, ¿no les pone entrar así en una mezquita? ¿crren que a estas sujetas y sujetos les pone la aleya 223 de la Sura 2 que dice “Vuestras mujeres son campo labrado para vosotros. ¡Venid, pues, a vuestro campo como queráis, haciendo preceder algo para vosotros mismos!”. Vamos, ¿más de cien años luchando por la libertad de la mujer para esto? O ¿es que las pone? ¿Acaso queréis estar en un harem en Oriente Medio? Pues si es eso, si esto os altera las hormonas, dejadnos en paz e iros para allá;  soy occidental así que acepto vuestra libertad. Ahora, ¿los que ponen burkas, los que tirar homosexuales por las ventanas, estos, sí, estos, son los hermanos para ustedes?


Por un momento pienso que estoy equivocado, que voy a oir una rectificación en algún sitio, que alguien va a decir que esto es incompatible con nuestra civilización…. Pero no, no oigo nada; ¿estoy equivocado?, vale, díganlo; ¿soy un radical? ¿por qué? Ya peino canas, me equivoco mucho, pero, verán, si me equivoco díganlo, pero si me van a llamar radical no me queda más que escupirles mi desprecio. Traidores, colaboracionistas. Ustedes, todos, nos están traicionando, nos venden por sus miserias, por sus mentiras. Son indignos, mendaces. Que la historia les juzgue y se pudran en el infierno. Y a los callados y cobardes, a los mierdas que se callan, les espera Beirut, la Suiza de oriente medio convertida en un infierno por los islamistas (no se equivoquen, por los islamistas, no por los israelitas), ¡qué ustedes lo disfruten!

miércoles, 20 de abril de 2016

¿QUE PASA CON LA DERECHA ESPAÑOLA?

Llevo unas semanas pensando si terminar la trilogía de artículos que empezó con “¿qué pasa con la izquierda española” o hablarles de esta mentira en la que nos están arrebujando y que nos está llevando a una islamización de Europa. Y si están ustedes leyendo este artículo es evidente que he decidido terminarla; no les podría justificar los motivos; quizás porque los círculos hay que cerrarlos bien, tal vez porque no estén tan alejados uno de otro, puede que porque si lo escribo, pueda entenderlo. A lo mejor, la explicación sea más sencilla, porque leyendo La Era de la Revolución de Eric Hobsbawm, un párrafo me acabó de decidir; decía así “Así pues, el periodo de la doble revolución conoció el triunfo y la más elaborada expresión de las radicales ideologías de la clase media liberal y la pequeña burguesía”

            El ciclo histórico que va desde la revolución francesa (quizás desde la guerra de la independencia norteamericana) hasta el final de la I Guerra Mundial, arrastra hasta nuestros días las consecuencias de lo que sucedió en aquellos años. En España, al igual que en toda Europa, esa era configura nuestro presente. Seguramente no más que los efectos del siglo XV sobre el XVII, pero lo cierto es que mientras que ya tenemos asumidas las consecuencias de siglos muy lejanos, los europeos aún digerimos esa época, especialmente en España, con un desastroso siglo XIX encharcado de sangre, reacción, destrucción de los avances del siglo XVIII y que, por si ya hubo pocos males, provocó la invención de la pura invención de la patria vasca o gallega, y dio alas a un movimiento minoritario que se puso a reinventar una nación catalana, convirtiendo lo que no eran más que mitos en una historia tergiversada y manipulada.-

            Una época tormentosa, sin duda, pero no todo fueron males, ni todas sus consecuencias nefastas. El papel de la derecha primero, y el movimiento obrero después, terminaron de configurar la sociedad occidental en la que vivimos ahora. Ambos fueron ideas contrapuestas, generaron tesis y antítesis, o si ustedes lo prefieren, posiciones muchas veces enfrentadas que generaron una sociedad distinta, más justa, más democrática. Cualquiera de ellas sin la otra sólo habría generado espacios sombríos como los que se vivieron en Europa (y se extendieron a medio mundo) a mediados del siglo pasado. Pero, a lo que este artículo concierne, el papel de la derecha ideológica (y olvídense de la etiqueta retroprogre de derecha medievo, izquierda progreso) fue extraordinario. Poco más podría añadir y mejor no podría escribirlo,  que la imagen de una placa en una calle de Vejer de la Frontera que me pasó un amigo. Dice así: “A los liberales del siglo XIX que con esfuerzo, ilusión y hasta el sacrificio de sus vidas, impulsaron el progreso de esta tierra luchando por la Constitución, la Justicia y la Libertad”.

            Muchas cosas han pasado desde entonces, es cierto, pero ¿y ahora? Les confieso la dificultad de escribir este artículo, porque si miro al Parlamento español la derecha ideológica no está representada. No, no lo está, no se sorprendan… No hay un partido liberal, ni un partido conservador, no existe nada parecido en las Cortes. El partido que dice representar a la derecha ideológica no es tal, es un puro instrumento de poder con el único objetivo de mantenerse en él. Y por eso, cada vez que se les pregunta sobre el incumplimiento de su programa, se refugian en la economía, en la estabilización de la misma, y, aunque no hayan tocado ni uno de los problemas estructurales de España, aunque hayan dejado el campo económico sembrado de minas a cualquier futuro gobierno, es cierto que hay una tímida recuperación económica, recuperación a costa del hundimiento de las pequeñas empresas, de una política fiscal salvaje, de pérdida de poder adquisitivo, de medidas antisociales tan desproporcionadas que harían que un camisa vieja de los años 50 enrojeciera de rabia. La sensación de inseguridad de las pensiones, la impunidad con la que se ha movido la banca, la pérdida de derechos sin contraprestación alguna, son tan ajenas a un pensamiento político de derechas como a uno de izquierdas; son medidas que puede implantarse en una dictadura marxista, en una teocracia islamista o en una dictadura militar del corte que sea sin ningún problema. Pero miren, no sé ustedes, veo muchos ministros, y su acción política, entendiendo como tal el cumplimiento de un programa electoral, de un discurso de investidura, brilla por su ausencia, ni siquiera aquellas medidas que no tienen coste económico.

            Honestamente, el desastre político de Zapatero, sigue. Y cuando oigo a uno de sus votantes quejarse de la demencia del Ayuntamiento de Madrid quitando estatuas y calles, tengo que recordarles que en cuatro años, con el mayor poder que ha tenido en España partido político alguno, ni han modificado ni abrogado la ley de Zapatero. Cuando otro de sus votantes brama por la islamización de España y la mentira del multiculturalismo (colorín, colorado, otro sapo nos han colado), les señalo que es el gobierno en funciones el que ha sacado, de hurtadillas, la Ley que regula la enseñanza del islam en las escuelas españolas. Cuando otro se mofa del engendro de la Alianza de Civilizaciones, le digo, que sí, que tiene razón, pero que este Gobierno ahí sigue. Y si me hablan de la politización de la Justicia, pues claro, obvio, pero este Gobierno, ahora en funciones, más de lo mismo. Si con Zapatero las víctimas del terrorismo se encontraban aisladas, con este gobierno más. Si hablamos de los nacionalistos catalanes, y me recuerdan la frase maldita de Zapatero de “Aprobaré lo que traiga el Parlamento de Cataluña”, pues sí, venga vale, Zapatero pasará a la historia como el peor gobernante español, pero este Gobierno, sí, éste, ha financiado ese dislate y ha sido incapaz de enfrentarse a los separatistas jetas en sus desafíos crecientes. Escojan ustedes el área que quieran, confróntelo con la ideología liberal o conservadora, miren, comparen y si encuentran alguna similitud, me avisen oiga. Su actuación ha sido tan dirigida al poder por el poder, con ausencia de cualquier ideología, que simplemente con las normas y las políticas de este gobierno, si llegara al poder un partido de extrema izquierda, con tocar cuatro normas, no más, nos llevaría al paraíso bolivariano en un tris tras.

En el primer artículo de esta saga dije que los votantes de izquierda se hacen cómplices de la deriva de los partidos a los que votan y a los que siguen votando. Para que me entiendan. Si alguien vota una vez a un partido que denomina a un etarra que está en la cárcel, preso político, y le vuelve a votar, asume ese pensamiento, se hace cómplice de él. Ya sé que no todos los ciudadanos de izquierdas son cómplices, hay versos libres, marcianos, personas que no están dispuestas a ser ovejas… Y muchos amigos de derechas me dirán que también en la derecha. Pues sí, también hay versos libres, marcianos y raritos que no están dispuestos a tragar ruedas de molino, pero miren ustedes, unos y otros son pocos, demasiado pocos para lo que hay y lo que nos viene.

Muchos ciudadanos de derechas han hecho fuchina de su propia ideología, y han ido depositando su voto haciendo de tripas corazón, votando a unos para que no salgan los otros, sin darse cuenta que están entrando al juego de un teatro de polichinelas, ya viejo y que va desde el “A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo” de La Celestina al turnismo de los gobiernos españoles del siglo XIX. Y si uno de los actores da muestras de fatiga, ya saben, el chamán de pacotilla en la cocina del partido que sea, coge la varita mágica, dubididabidibu y, ¡zas! se saca de la chistera televisiva a otro aún peor;  y ya está, así movilizan estos encantadores de serpientes, por puro miedo, a sus votantes. Siniestro, ¿no creen? ¡Manda cogumelos!

Pero esto ni siquiera es lo peor. Bueno no es, pero lo trágico es que esta corrupción en la ideología ha ido acomplejando a los ciudadanos de derechas. Han ido asumiendo el buenismo falso que nos hacen tragar, se han resignado a aceptar todo, no se atreven a salir con la bandera española por si les llaman “fachas”, abandonan sus principios, señalan a los disidentes, terminan inhibiéndose de todo y de todos, aclaran que la “gente de orden” o “la gente de bien” no se manifiesta, no hace huelgas, no muestra su indignación (salvo la correspondiente reunión de amigos, que lo mismo da que sea en un bar cutre o en una cena de postín con muy cultos y doctos invitados),  que votan y vale ya.

Se han convertido en lo que algunos llaman la mayoría silenciosa; mayoría, quizás, pero el silencio cuando está en juego tanto en nuestra Nación, es cobardía, es pusilanimidad, es irresponsabilidad y roza la traición. O el votante de derechas asume su responsabilidad en un sistema democrático, o se convertirá en un ectoplasma, en un convidado de piedra de nuestro presente y de nuestro futuro. Quizás nuevos partidos de derecha democrática que están surgiendo, quizás una revolución interna en el que dice que és, pero que no es, puedan cambiar el rumbo, pero sin que se involucre en serio esos ciudadanos de derechas, no hay nada que hacer.


Y a mis amigos de izquierdas, con los que siempre he disfrutado de un buen debate, de una mutua defensa vehemente de ideas, tengo que darles una mala noticia. La ausencia de formaciones de derechas en el Parlamento, en los medios de comunicación, lleva al pensamiento único, a un empobrecimiento de ideas de los de derechas y de los de izquierdas, conduce a que los partidos de izquierdas entren en dinámicas demenciales y nos arrastran a todos en su locura. Del debate, del contraste de ideologías, de la huida de los anatemas a los que discrepamos de la verdad absoluta a la que quieren conducirnos, está el verdadero progreso. Sigamos así, y las peores pesadillas de 1984 las viviremos en nuestras carnes y la heredarán, como una moderna roca de Sísifo, nuestros hijos.

domingo, 28 de febrero de 2016

ESPAÑA ESTA LOCA

Debo ser raro, o marciano, o, quizás, un marciano raro, no lo sé, pero estoy preocupado. De improvisto, tras las pasadas elecciones, me parece que los ciudadanos españoles han decidido en vez de seguir viviendo en el siglo XXI, volver a experimentar el año 31 del siglo pasado. Y si ya estaba inquieto por la proyección a futuro de mi País, el último libro que he terminado no me ha tranquilizado precisamente; por si es de su agrado leerlo, se titula La Ocasión Perdida, de César Vidal, y les traigo un párrafo que dice “Mientras los mencheviques, los eseristas moderados, algunas organizaciones campesinas, algunos sindicatos y algunos miembros del Consejo de la República formaban un comité cuya finalidad era salvar al país y a la revolución y oponerse al golpe de los bolcheviques, éstos se disponían a iniciar la articulación de su dictadura”; por si no lo han intuido, la obra trata de las revoluciones rusas, y cómo fue posible que un país que, tras la caída del Zar, iba camino de convertirse en el sistema más moderno, democrático y socializado, pudo terminar en una dictadura bolchevique sangrienta y genocida.
           
            Sinceramente el panorama español es para irse de aquí y esperar unos lustros para planear la vuelta. No, no les voy a hablar de un partido popular enrocado en el poder y dispuesto a que vuelva un frente popular antes que perder el poder. Aunque de eso les escribiré en el siguiente artículo, ya saben, antes Podemos que perder un mes de cargo. O de un Psoe que sigue dispuesto a seguir anclado en el pasado zapateril y prefiere gobernar seis meses y luego ser deglutido por Podemos. Ambición, mantenimiento de sillones, falta de visión de Estado, y todo bien aderezado con la corrupción, que estos mejunjes están tan sazonados que no hay quien se los trague.

            Muchos se preguntan cómo ha sido posible que se llegara a esta situación. ¡Qué quieren que les diga! Algunos ya nos barruntábamos esta situación y sabíamos que esto no terminaría bien. Hace ya doce años algunos conciudadanos nos movimos de nuestras posiciones ideológicas y nos unimos en un proyecto que considero que todos sabíamos temporal pero necesario; no fue el único, pero sí el que yo conocí. Y ahora, cuando pienso en aquel patache, pienso con morriña en aquella época. No me malinterpreten, no hablo de cúpulas, no hablo de estructuras, hablo de un conjunto de idealistas que se juntaron intentando regenerar un sistema político que atufaba a atarjeas. Hace años que salté por la borda, como otros tantos, unos por resituarnos en posiciones ideológicas más afines, otros decepcionados con una dirección miope, otros simplemente cansados, y aún quedan que siguen aferrados a la culebrina dispuestos a fajarse con quien se tercie, que en esta piel de toro siempre habrá resistentes numantinos. Y de aquella época, eliminando a los rastreros, mendaces y viles que tanto proliferan en nuestra España, sí que conservo los encuentros con personas de derecha e izquierda, unidos por unos puntos comunes, pocos (identidad de la Nación Española, regeneración política, reconducción del estado autonómico, conservación del Estado social), pero tan necesarios antes como ahora; una época de apoyo a víctimas del terrorismo, de defensa de la Constitución. En el balance vital, en esa mochila de experiencias que todos llevamos a la espalda, fue una vivencia agridulce. Buena por lo que les acabo de relatar y porque muchos de los que allí coincidimos nos reafirmamos en unos principios básicos y mejoramos la tolerancia y el respeto a otras ideas; agria no por situaciones internas que no vienen a cuento, sino por una sensación de soledad e incomprensión. Quizá no era la hora, o quizás se abrió el camino, no lo sé, pero hace un porrón de años un puñado de ciudadanos se lanzaban a las calles con unas gorras un tanto ridículas, todo hay que decirlo, para intentar convencer a los conciudadanos que esa situación no iba a terminar bien, que la deriva era peligrosa, que todo se podía ir al garete.

            Pero entonces, como ahora, los diletantes, los acomodaticios, los cobardes, los pusilánimes, miraban extrañados mientras se iban a sus quehaceres, fueran la familia, el gimnasio, comprarse un bolso o tomarse unas copas. ¿Y nunca se preguntaron que los que allí estábamos también teníamos vida y que sacrificabamos una parte importante de su tiempo para intentar cambiar las cosas? De verdad, ¿eran tan imprudentes, tan irresponsables o tan vagos? No les digo que fuera la única opción, ni siquiera la mejor, pero mientras miraban a esos pringados no pensaban que ellos también tenían que hacer algo. No, para qué… Aquí no se asume que los derechos, que el modo de vida, no viene porque descendamos de la pata del caballo del Cid, que hasta nuestros ancestros por mucho Santiago que se apareciera en Clavijos, se pusieron la armadura para vencer a los invasores. Y miren, no se trata de sacar la gola, la escarcela y la toledana, sino de defender lo que teníamos, lo que tenemos, lo que vamos a perder. La incomprensión llegó a tal extremo que dije una vez a un padre que me aconsejaba que no perdiera el tiempo, que la obligación de los padres es luchar por el futuro de sus descendientes, y no malcriarles en el presente, y que si estaba ahí era para evitar que nuestros hijos tuvieran que ser albañiles en Polonia, asistentas en Rumanía o meretrices en Ucrania, y que me perdonen los polacos, los rumanos o los ucranianos, pero a veces viene bien traer a colación los tópicos injustos y manidos para bajar a la realidad a los ilusos.

            Los años pasaron, algunos, pocos, fueron organizando alternativas a la situación actual, pero los compatriotas siguieron en Babia, en su mundo ilusorio, en su egoísmo. ¿Y ahora? Pues ahora se sorprenden, flipan, alucinan, porque el pasado ha vuelto, y no son capaces de asumir su error, su indiferencia, su irresponsabilidad.

            Pues ya les tienen aquí; a la generación peor formada y educada de los últimos cien años, a niñatos malcriados que asaltan capillas, pegan a policías o insultan a las víctimas del terrorismo y luego, después de los años, sollozan diciendo que no sabían lo que hacían cuando se enfrentan a la realidad de sus actos. A los intolerantes que quieren traernos la miseria en la que viven nuestros primos de Cuba o Venezuela. Personas que no conocen nuestra historia ni lo pretenden, intolerantes que vienen a destrozar nuestra cultura, nuestras raíces, nuestra forma de ser, personajes que regresan al pasado ante su incompetencia para dar respuestas de futuro. Individuos para los que la educación es un desperdicio burgués, que se amparan en unos ciudadanos desilusionados, con razón, y que acuden a las urnas más con las gónadas que con la cabeza, y que ante su inactividad de años pasados, pretenden vengarse de los corruptos que campan a sus anchas en estos páramos, sin pensar que si cabalgan libres fue con su pasividad y consentimiento. Pues sí, ya están aquí, y ahora, ¿qué van a hacer?

            Pues miren, hagan ustedes algo ahora, implíquense, exijan a sus partidos esa regeneración, dejen de vivir de espaldas a la política, cambien a formaciones que miren al futuro y no al pasado. O eso o sigan llorando como niños mientras perdemos todos. Ahora les toca.

P.d. En la fotografía he tapado a algunos de los participantes sólo porque no les he pedido permiso para poner esta foto; una mera cuestión de respeto. Es de una manifestación en apoyo de las víctimas del terrorismo… Pero, que pocos éramos ¡pardiez!

martes, 5 de enero de 2016

COBARDES Y MISERABLES

Es noche de Reyes y la verdad no me gusta hablar de malquistos. Es una noche mágica en la que los que aún conservamos vivo al niño que fuimos, nos gusta cerrar los ojos, oír los pasos sigilosos, los brindis callados, oler la magia de los sueños, cerrar los ojos y sentir a los pajes, y quizás recordar aquella noche de hace ya muchos años en que nos deslizamos furtivos y al abrir la puerta del salón, en la que atisbábamos sombras, nos encontramos una habitación vacía con un extraño resplandor.

            Quizás para otros, que ya han callado a ese niño que fueron, disfruten de la noche en la mirada de algún niño, sea suyo o no, y vuelvan a intuir la magia de los Reyes.

            Es una fiesta especial, una celebración de la ilusión, un homenaje a tres Magos que hace dos milenios atravesaron miles de leguas siguiendo a una estrella. De aquel hecho nace una noche de ilusión para los niños, de magia para los adultos, y ni siquiera los ataques furibundos del consumismo más descarnado en forma de multinacionales que disfrazan a otro personaje entrañable en otros lares con la divisa de una marca de cola, o el enganche de grandes almacenes, o los anuncios de colonias que prometen que vuelve el hombre o la mujer (como si el resto del año estuvieran por uvas) han conseguido desbaratarlo.

            Pero este año, la magia está en peligro. Después de once años de franquismo y de cuarenta de democracia, con gobiernos de centro, de izquierda y de derecha, es la primera vez que recuerdo de mi vida en que la magia se empaña con el sabor agrio del asco ante tanto estafermo y botarate. Y me viene a mi cabeza un párrafo del Capitán Alastrite, de Arturo Perez Reverte, puesto en boca de Quevedo que dice así “Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia -dijo lentamente y al hacerlo parecía mirar su reflejo en la superficie del vino- Que es como decir contra España y contra todo”; y aunque las circunstancias de la novela son otras, tengo que reconocer que no me queda más que batirme ante esta pandilla de cobardes y miserables que han desembarcado en instituciones españolas que pagamos con nuestros impuestos.

            Sí cobardes, pusilánimes, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgada. Porque ustedes estarán conmigo en que si alguien no cree en la celebración de esta noche puede hacer dos cosas honestas, o respetar la ilusión, la creencia, la magia, el brillo de la mirada de los niños y la complicidad de los demás, postura honesta en una sociedad democrática o tener las agallas y el coraje de no hacer celebración alguna, de impedir en esos ayuntamientos que gobiernan cualquier cabalgata, cualquier imagen que traiga a los niños un poco de ilusión. Pero estos materialistas de mierda, peores que cualquier yupie envarado en sus gráficas de ventas, destrozan las creencias ajenas, pisotean el sueño y la ilusión, machacan la magia, la convierten en bazofia al paso de brujas repulsivas en vez de Magos. Esta es una sociedad libre en la que se respetan diferentes formas de ver la vida, se toleran actitudes por mucho que no se compartan, siempre que las mismas estén acordes con nuestros principios constitucionales. ¿Quién coño se creen ustedes para destrozar mi ilusión y la de mis hijos? ¿Pero de dónde narices se han sacado la estúpida idea de que lo suyo es una verdad absoluta? ¿Qué clase de mindunguis son ustedes?

            Y miserables, ruines o canallas, personas despreciables y de malos procederes, que destrozan la ilusión de los niños, que los utilizan para adoctrinarlos en sus complejos, en sus mezquindades, en su mundo vacuo. Son gentuza que utilizan a los niños, que generan tarados para el futuro, y sólo para demostrar a sus padres que un mundo mísero, material y mendaz acaba de llegar.

            Ustedes no vienen a regenerar, vienen a demoler, no vienen a limpiar, vienen a entronizar sus mentes acomplejadas y miserables, vienen a que el resto de los ciudadanos comulguemos con sus ruedas de molino, con su doctrina, con su sectarismo y su intolerancia.


            Así que no queda sino batirse… Y les recomiendo, donde haya un esperpento de cabalgata, no vayan, acudan a otras, que con independencia del color político de quien gobierne, seguro que hay gente de bien que aún sabe lo que es el respeto, que sabe que con la ilusión de los niños no se juega, y que aunque no crea en la noche mágica, seguro que esbozará una sonrisa al ver la sonrisa de un niño.

jueves, 24 de diciembre de 2015

NAVIDAD, MAGICA NAVIDAD

Ha vuelto la Navidad. Una Navidad con luna llena, una Navidad en la que volveremos a desear paz y felicidad a los que apreciamos, unas fechas en las que volveremos a añorar a los que se fueron… Pero la Navidad es una época de esperanza y, según pensaba en ello, apareció en mis recuerdos Canción de Navidad, de Charles Dickens y quiero compartir con ustedes un párrafo. Dice así “Honraré a la Navidad en mi corazón e intentaré mantener su espíritu todo el año. Viviré en el pasado, en el presente y en el futuro. Los tres espíritus actuarán dentro de mí. No cerraré la puerta a las lecciones que me han enseñado”.

La verdad es que todos tenemos un poco de Scrooge, excepto cuando se acercan estas fechas y como Gray (el del retrato, no piensen en novelas infumables) queremos dar una imagen amable y de bondad, en resumen, unos auténticos mandrias que somos incapaces de hacer algo en pro de lo que creemos y jipiamos desconsolados por todo lo de malo e injusto que hay en el mundo, especialmente todo lo malo y perverso que nos afecta directamente.-

            Para los que no son creyentes, la Navidad supone una época para manifestar esos valores que han ido empapando nuestra civilización y que muestran un mundo mejor, paz, alegría, felicidad, esperanza. Para los que creemos, supone además una promesa de trascendencia, la celebración de la llegada al mundo de un niño, que al igual que en los belenes infantiles, se le acercan todos los seres vivos reconociendo a su Creador. Pero en este blog quisiera remarcar esos valores que compartimos y que me hace preguntarme la causa de que seamos incapaces de amover esa forma de ser que hace a este mundo tan inhóspito, tan cruel, tan egoísta. -

            No les digo a que cojamos la adarga y la tizona y nos lancemos a los caminos a  desfacer entuertos, pero miren ustedes, quizás todo sea más sencillo, más fácil. ¿Tan difícil es enseñar a los más jóvenes, con nuestro ejemplo, que toda vida es única, valiosa y necesaria? ¿Tan complicado es dejar de comportarnos como gentuza y garrulos con las personas de nuestro entorno? ¿Tan imposible nos resulta ser más tolerante conduciendo, en el trabajo, en resumen, en nuestra vida diaria? ¿Acaso no tenemos vida si no perdemos es complejo de perdedores si no pisoteamos cabezas ajenas? Sinceramente no sé qué nos pasa; en dos días pasamos de ser adalides de la bondad, de la justicia y de la amistad a convertirnos es absolutos cernícalos con cualquiera que no esté girando en nuestro ombligo. ¿Acaso necesitamos la visita de los tres espectros para ver lo triste de nuestra conducta y abalear los valores que nos hacen mejores de las conductas que nos convierten en seres grises y ruines?.-


            Hoy quiero desear a la buena gente (de la gentuza paso) Feliz Navidad, que la luz de la estrella  ilumine su vida y sus corazones, y que el año que viene seamos un poco mejores, sólo un poco, y por supuesto, que sea mejor que el que nos deja.